lunes, 18 de septiembre de 2017

Hermanos sin tabú cap 9 y 10

Más tarde, cuando volvimos de ese delicioso paseo familiar, y Ángela se veía más avergonzada que de costumbre, vimos a Lorena esperando en la sala y mirando la televisión. Llevaba una diminuta blusa y unos shorts que mostraban sus esculturales piernas. Nada más verla, mi hermana se fue con ella y la saludó con una serie de sensuales besos y luego la muy tierna se puso a llorar mientras la abrazaba con fuerza. Mamá, papá y yo nos miramos como si fuéramos los culpables de un asesinato, por haber inducido a que Ángela tuviera sexo conmigo frente a ellos.
—Creo que las cosas no salieron como lo esperaba —dijo mi mamá y quiso hablar con su hija, pero papá la detuvo y le negó con la cabeza. Hasta yo sabía que era mejor dejar que mi hermana asumiera lo que había hecho y decidiera si hacer lo correcto. Yo esperaba que sí y aceptara unirse a nuestra práctica porque francamente la idea de volver a tener su boca entre mis piernas me ponia loca.
—¿En dónde está Estefy? —preguntó mamá.
—En su cuarto —contestó Lorena —. Alec le llamó a unos amigos y se fue con ellos.
—¿En serio? Pensé que se quedaría.
—Creo que tuvo una pequeña pelea con Estefy.
Fuimos a ver a la chica y la encontramos en su cama, echa un ovillo mientras escuchaba música con su teléfono. Esta en tanga y sin sujetador. Nos sentamos al borde del colchón. Papá le dio una palmadita cariñosa en el trasero y mamá le movió el hombro.
—¿Qué pasó?
—Alec es un imbécil.
—¿Por qué?
—Pues… —nos miró como si no supiera si contarnos. Mamá le sonrió.
—Hija, si hemos decidido aceptar tener sexo entre nosotros no hay nada que no puedas decirnos.
—Es que… intenté hacerlo con Alec. Eso era obvio ¿verdad? Pero él ya no quería entrar por atrás. Deseaba… bueno… quitarme la virginidad y hasta yo sé que no se la puedo dar a mi hermano. Ni en esta situación. Él insistió. Nos peleamos y se fue.
—¿Eso hizo ese cabrón? —preguntó papá, visiblemente molesto —. Tendré que hablar con él.
—Lo haremos todos —replicó mamá —, ya es hora de poner las cartas sobre la mesa.
—Lo siento. Yo sólo… quería disfrutar un poco más.
En ese momento mamá sonrió.
—Creo que papi puede complacerte en eso ¿no, cielo?
—¿Yo? No sé si sea el momento para ello.
Estefy miró a nuestro padre con sorpresa, como si la idea de tener sexo con él le resultara extraña. No obstante, se limpió una lagrimita y se sentó con las piernas dobladas.
—¿Lo harías?
—Hija… bueno…
—Es sólo por atrás —le dijo mamá —, y es Estefy.
—Lo sé, es sólo que a mis ojos sigues siendo una niña.
—Pero ya no lo soy —replicó ella —, soy mayor de edad y… quiero intentarlo. Quiero hacerlo.
Padre se estaba resistiendo majestuosamente, pero no lo logró por mucho tiempo. Estefy aunque ya no era una niña seguía comportándose como una. Cruzó los brazos por debajo de sus hermosas tetitas. Sus pezones rosados se veían apetitosos, moría por tenerlos en la boca.
—Puedo hacerlo con ustedes —sugerí, mordiéndome el labio —, es que… sería interesante.
—¿Y tú, mamá?
—Ah, yo debo ir a ducharme y descansar. He tenido suficiente sexo por hoy. Les dejo solos.
Mamá se despidió con sendos besos en nuestras bocas y se fue del cuarto. Papá y nosotras nos quedamos solas y en silencio durante un rato, sentados en la cama sin saber que hacer. Él nos miraba de hito en hito, algo avergonzado y yo no comprendía por qué si no era la primera vez que íbamos a intimar.
—Entonces… ¿vamos a hacerlo o no? —dije a los dos. Estefy y mi padre se vieron las caras.
—Bien… son mis hijas, así que creo que debo complacerlas.
—Eso es —me apuré a quitarle la camiseta y los pantalones. Se recostó en la cama con la polla semierecta y sus grandes huevos colgando.
A mi hermanita se le hizo la boca agua al verlos. Lo noté en la lujuriosa mirada que se estaba echando. Papá abrió un poco sus piernas y comenzó a masturbarse lentamente. Nosotras miramos atentamente mientras nos quitábamos la ropa. Poco a poco esa verga empezó a ganar tamaño, a bombear sangre hasta que se puso tan erecta como un mástil. Imaginé la satisfacción de mi padre al verse a punto de tener sexo con nosotras, sus niñas consentidas.
Primero comencé yo, que me acomodé justo entre sus piernas y sin dudarlo me llevé su miembro a los labios. ¡Dios! Cuánto lo quería. Me llenaba la boca en su totalidad. No me lo podía meter más adentro como quisiera, pero lo poco que entraba me daba para mamar a gusto, para tocarlo con mi lengua. Cerré los ojos y casi olvidé que Estefy estaba conmigo.
—¡Me toca! —masculló mi hermanita como si me estuviera quitando un dulce. Me hice a un lado y ella ocupó mi lugar. Con una hermosa sonrisa feliz ella tomó el pene de papi en sus manos. Luego intentó metérselo en la boca pero como ella tenía una boquita algo más pequeña que la mía, tuvo ciertos problemas en acomodarla. Cuando finalmente lo logró, cerró sus ojos y deslizó suavemente el falo hasta su garganta.
—Creo que no es una posición muy cómoda para una garganta profunda —dije.
—Pero quiero intentarlo.
—Sólo mamá sabe hacer la garganta profunda —le recordé.
—Me da igual que hagan. Sólo chupen —exclamó papá, gozando de lo rico cuando la lengua de su pequeña hija le lamió los huevos.
Yo me sonreí y me fui detrás de Estefy. Hice que se pusiera en cuatro sin que se quitara el pene de la boca. Luego ella ofreciéndome una perfecta vista de su culito, le abrí los labios vaginales y deslicé la lengua por esa hermosa entrada que ya estaba goteando de jugos. ¡ah! Cuánto adoraba verla mojada. Formaba pequeñas gotitas de flujo que yo recorría con mi lengua. Más al fondo vi su himen intacto y sentí grandes deseos de romperlo, llegar hasta las partes más profundas de ella y bombear mi semen. Claro, si fuera hombre lo haría.
Chupé la vagina de mi hermanita durante un buen rato mientras me tocaba el clítoris con ambas manos. Estefy gimió. Yo me sentía tan húmeda que mis deseos por ser penetrada por atrás fueron muy lejos. O quizá yo debería penetrar a alguien. Rápidamente salí del cuarto y fui en dirección a mamá, que estaba acostada en leyendo un libro.
—¿Qué pasó, hija? Vienes goteando ¡jaja!
—Este… ¿tienes tu consolador? Quiero metérselo a Estefy.
—En el cajón. Anda, ven un momento.
—¿Sí?
A penas me acerqué, mamá se inclinó para hundir su boca en mi vaginita. Eso me sorprendió mucho porque nunca lo había hecho, y a su vez hizo que me recorriera un buen escalofrío.
—Ay… mamá….
—Listo. Una vagina limpia es una vagina feliz.
No supe si quedarme o no, pero como ella volvió a su lectura, supuse que no. Me imaginé qué sentiría mi madre de saber que sus hijas estaban enfiestándose con su esposo. Sea como fuere tomé el consolador y regresé al cuarto, en donde Estefy ahora le ofrecía a papá su culito en un fabuloso 69.
—¡Ay! ¡Quería meterte esto!
—Te atrasaste —dijo ella con una risita coqueta y siguió mamando apurada.
—Bueno… al menos métemelo a mí.
—Estoy ocupada ¿que no ves?
—¿Y qué hago yo?
—Puedes esperar.
¡Pff! Incluso en el sexo nos peleábamos como las hermanas que éramos.
Pero mi espera no duró mucho. Estefy se compadeció de mí y me dijo que me recostara en la cama en la posición del perrito. Lo hice encantada, ofreciéndole mi culito mojado. Ella se colocó detrás de mí con el dildo en la mano, lamiéndolo para lubricarlo. Papá esperaba de pie masturbándose.
—Hagamos una cadena ¿vale? Papá me la mete por el culo a mí y yo a ti.
—De acuerdo.
Estefy tenía buenas ideas siempre. Apoyé la cabeza en la almohada y levanté el trasero. En seguida sentí cómo mi hermanita usaba el juguete para abrirme el ano, y suavemente deslizarlo al interior. Sentí sus escupitajos y luego sus gemidos cuando papá empezó a taladrarla por detrás. Eso me calentó en demasía y más cuando ella empezó a meter y a sacar el consolador primero despacio y enseguida más rápido. Miré hacia atrás y vi que mi coqueta hermanita se reía mientras papá le daba por detrás. Sus pequeñas tetas se mecían encantadoramente y su pelo iba y venía cubriéndole la cara.
Estuvimos así durante un rato hasta que finalmente me llegó el turno. Ahora sí que iba a sentir de lo rico. Me monté sobre papá y con ayuda de Estefy dirigí su polla a mi culito. Debido al dildo, mi cola estaba dilatada lo suficiente como para que ese pene se perdiera en el interior. Lo más delicioso del anal era cuando la verga salía, y disfruté de ello. Mientras tanto Estefy se sentó encima de la cara de nuestro papito ofreciéndole su coño. Estando frente a mí ahora, me tomó de las mejillas y me plantó un rico beso en la boca, con todo y lengua. Su saliva goteaba de la comisura de mi boca mientras me mordía los labios. Papá le brindaba un buen sexo oral y yo me sentía viva con esa verga entrando y saliendo de mi culito.
Los gemidos de Estefy eran tiernos y dulces como una princesita sexual. Tenía las piernas bien abiertas y la sus nalgas apoyadas en el rostro de su amante. Después de un rato decidimos probar algo diferente, así que me recosté boca abajo. Estefy se acostó sobre mí, besándome el cuello y la espalda. Papá frente a nosotras se masturbaba ágilmente.
—Ah… hijas… Dios, qué tiernas se ven.
—Te quiero Andrea —dijo mi hermana. Me di media vuelta y ella se puso a horcajadas sobre mí. Sus manos sobre mis tetas y las masajeó suavemente, jugando con mis pezones mientras yo podía sentir sus jugos mojándome el ombligo.
—Tijeras —dijo papá.
Nosotras nos miramos coquetas. Primero separé mis piernas y acomodé a Estefy entre ellas. Nuestras vaginas entraron en contacto. Los jugos de mi hermanita y los mios se confundían y nuestros clítoris se rosaban tan deliciosamente que comenzamos a frotarnos entre sí. Nos mirábamos a los ojos como dos enamoradas haciendo el amor. Luego desviamos la vista hacia nuestra entrepierna, donde nuestros labios en contacto se acariciaban y se separaban mutuamente, permitiendo que nos uniéramos más.
Finalmente papá que se estaba masturbando como loco, dijo que se iba a correr.
—Hazlo aquí —señalé y él acercó su polla justo en el punto donde nuestros coños se tocaban. Allí descargó una carga de semen delicioso y caliente. No dejó una sola gota dentro de sus huevos, y ahora con esa sustancia para lubricarnos más, Estefy y yo seguimos haciendo tijeras, embarrándonos la leche de papá y masturbándonos ágilmente.
La polla no volvió a erectarse durante unos segundos, pero yo quería seguir con el sexo. Una vez nuestras vaginas estuvieron cubiertas de semen, Estefy se dio vuelta y colocó su coño justo sobre mi boca. El sabor de sus jugos mezclados con la lechita de papi le dio un nuevo sabor..
—Papi, tienes una llamada —avisó la voz de Ángela.
—Ah, voy.
—¿Qué hacen? —nos preguntó mi gemela.
—¡Ven! —le pidió Estefy, y aunque yo lo dudé un segundo, Ángela cerró la puerta tras de sí y tímidamente se acercó a la cama —¿no crees que la vagina de Andrea es riquísima?
—Bueno, somos gemelas. Mi coño es igual al de ella.
—¡Jeje! —rió mi hermanita y siguió comiéndome el clítoris.
Ángela se sentó al borde de la cama y comenzó a acariciar la espalda de nuestra hermana menor.
—Esto sí me gusta —admitió —, prefiero ver a dos chicas chupándose el culo que a mis padres.
—Entonces ¿te nos unes?
—Ah… no lo sé. Yo…
—Prueba la de Estefy —le sugerí —es un tanto especial.
—¿Y por qué?
—Pues… está muy apretada.
—Claro, es virgen.
—Tienes que hacerlo —repliqué.
—Creo que me abstendré por ahora.
—Eso sí que no —le gritó Estefy y rápidamente se lanzó sobre Ángela. Ella se resistió pero no por mucho tiempo porque cuando su hermana la besó en la boca, se dejó querer.
Era extraño verla porque era mi gemela. Aun así Ángela abrazó a Estefy por la cintura y correspondió a sus besos de una forma más romántica que lujuriosa. A ella sí que le fascinaban las mujeres. Lentamente levantó el cuello de la pequeña chica y le dio de besos amorosos por toda la piel hasta bajar a sus senos. Yo me quedé quieta, mirando como Ángela se comía los pezones rosados de la la muchacha y le juntaba las tetas deslizando su lengua por las dos.
—Listo, eso es todo lo que conseguirán de mí.
—Pero ¿cuándo tendremos sexo las tres? Somos hermanas, por favor, chicas. Hemos jugado juntas desde que éramos unas niñitas —chilló la pobre Estefy.
—Son mis hermanas y las amo. Además soy la mayor. Nací un poco antes que Andrea. Y como su hermana mayor debo mostrar un poco más de madurez.
—Pero ¿tendremos sexo las tres?
—Bueno… quiero hablarlo con Lorena. No deseo que esto forme problemas en nuestro noviazgo, que es formal.
—Pero se ve que Lorena me tiene ganas —rió la pequeña.
—Sí, se ve. Sólo que es lujuriosa de por sí. Hay que ver si está dispuesta a hacerlo.
—Cuando lo hagamos tiene que ser fabuloso —mencioné.
—Lo será. Bueno, las dejo.
Cuando ella se fue, Estefy volvió a acostarse sobre mí. Nos dimos unos besos candorosos en la boca mientras reíamos como niñas.
—Me encanta acostarme contigo, Estefy.
—Lo sé. Adoras mi coñito.
—No, mensa. Te adoro a ti.
—¡Jiji! Eres como mi novia.
—Lo soy, mi preciosa hermana menor.
Ella se enterneció y me dio un dulce beso en los labios.
—Cuando perdamos nuestra virginidad quiero que lo hagamos al mismo tiempo ¿vale, Andrea?
—Intentaré que sea así.
—¡Sip! ¿hacemos algo más?
—¿Qué tal si te meto ese consolador por el culo.
—¡Súper! —rápidamente se acomodó en cuatro como una perrita y se abrió las nalgas —. Todo tuyo.
—Bueno… aquí voy.
Con un leve gritito de dolor, Estefy y yo continuamos divirtiéndonos el resto de la tarde.

Capítulo 10


La llamada que mi padre había recibido la tarde anterior resultó ser de su hermana mayor, Joan, la misma con la que él había iniciado su vida en el incesto. Saber eso no nos terminaba de sorprender sobre todo porque la tía Joan es muy atractiva. Cuando era un poco más joven fue modelo de lencería para una conocida revista de modas y ahora que se había casado recientemente ya no trabajaba de eso. Mi padre nos contó que la había invitado a ella y a su nuevo esposo para que vinieran a vernos y pasar los días que nos quedaban todos juntos en familia. Por otro lado yo ya sabía lo que eso significaba, sexualmente hablando.
Mis padres fueron a buscarla a la terminal de autobuses al día siguiente, así que yo me quedé con mis hermanos a ver la televisión y a hablar sobre lo que íbamos a hacer entre nosotros, que éramos como los niños de la casa. Lorena y mi gemela Ángela estaban sentadas en el sillón mirando la película y se daban tiernos besitos en la boca. Yo jugaba con mi móvil. Estefy, como si fuera el acto más natural del mundo, tenía en la boca la polla de mi hermano y le daba una distraída mamada sin despegar sus ojitos de la pantalla.
—Te ves muy relajada —comentó Ángela con una sonrisa.
—Tiene fijación oral —contesté. Estefy nos miraba sin decir nada, con el pene en su boca como si fuera un biberón —. Siempre tiene que tener algo en los labios: un bolígrafo, un palillo de dientes… goma de mascar.
—Quieren dejarme en paz… ah, pero no me dejen de mirar.
—¿Tanto te encanta que te vean?
—Me excita más que el acto en sí —confesó y deslizó la lengua por toda la verga de su hermano. A mí se me estaba haciendo la boca agua. Alec permanecía quieto, con la cabeza echara para atrás y disfrutando de las artes bucales de su hermanita.
—¿Quieren que juguemos un poco? —propuso Lorena, lujuriosa como siempre.
—¿Qué tienes en mente, amor?
—Mmm… necesitamos otro hombre para hacer lo que tenía en mente. En fin, con nosotras deberíamos bastar. Es un concurso de ver quien hace correrse a quien primero ¿les gusta la idea?
—Me parece interesante —acepté. Mi gemela es la que todavía ponía resistencia a las ocurrencias de su novia.
—Bueno, vamos a rifar con papelitos quien va a chupar y quien las recibirá. El primero que haga a su pareja correrse gana.
Mientras Lorena escribía nuestros nombres en papeles los demás nos quitamos la ropa. Luego escogimos un papel y los abrimos. A mí me tocó mamar, a mi gemela también. Estefy y Alec serían los que recibirían el placer y Lorena sólo se limitaría a observar quién se correría primero.
—Pero… yo quiero a Estefy —pidió Ángela —. No quiero chuparle el pene a Alec.
—Es sólo un pene —dijo mi hermano y se masturbó un poquito delante de ella.
—Es que no me van las pollas. Prefiero el coñíto dulce de Estefy.
A la muy pilluela de Lorena se le encendió el foco y empezó a persuadir a su novia de que le comiera la verga a su propio hermano. Acto seguido todos los demás empezamos a fastidiarla para que aceptara. Alec se masturbaba concienzudamente delante de mi pobre hermana para que se le antojara el pene. Vimos como sus pezontes se ponían un poco duros. Estefy la abrazó por detrás para untarle sus tetitas en la espalda. Yo me estaba excitando ante la idea de ver a mi gemela mamando una polla.
—¡Ay, está bien! ¡Pero ya dejen de joderme!
—¡Perfecto! El primero en hacer que su pareja se corra, gana un esclavo sexual por un día. ¿aceptan?
—Aceptamos.
Estefy y Alec se recostaron en la alfombra y abrieron sus piernas. La vaginita de mi hermana era preciosa, virgen todavía y con gotitas de jugo fluyendo. En cambio la polla de Alec era imponente, con sus huevos colgando. Estaba rasurado, así que daba una imagen muy buena. La pobre de Ángela se sentó con las piernitas muy juntas y no dejaba de mirar la polla que se iba a comer. Tenía la cara roja y disgustada por lo que le estábamos obligando a hacer.
—¡Empiecen!
Yo rápidamente cubrí la vagina de Estefy con mi boca y me concentré en su clítoris. Sus jugos aderezaban sus labios con un sabor muy dulce y suculento. ¡cuanto amaba el coño de mi pequeña! Mientras tanto vi que Ángela a penas estaba tocando la verga de su hermano con la mano. Tenía entre una cara de confusión y concentración. Empezó a subirlo y a bajarlo poco a poco. Alec estaba en el cielo porque encontraba muy excitante que su hermana lesbiana le fuera a comer el pene.
— ¡Vamos! —la apresuró Lorena.
—Espera…
—Sólo tienes que ponerlo en tu boca.
—¡No me presionen! Yo soy lesbiana. Esta es la primera polla que me voy a comer.
Lentamente, como si fuera a morirse por sólo hacerlo, Ángela abrió su boquita y se introdujo el pene. Cerró los ojos. Mamó un poco y luego escupió saliva.
—¡Ahg! Sabe raro.
—Te estoy ganando —dije cuando oí como gemía Estefy y se pellizcaba las tetitas.
—No, eso no.
tomó aire y volvió a su trabajo. Tenia sus ojitos apretados mientras le daba una buena chupada a la polla de su hermano mayor. Eso me calentó y acto seguido introduje dos deditos en el ano de Estefy. Mi hermanita me presionaba la cabeza y gemía como una princesa. Alec estaba igual. Ángela ya chupaba con más calma, aunque todavía era un poco torpe en sus movimientos. Lorena miraba la escena con mucho interés. Los pezones de sus grandes tetas ya estaban paraditos y se estaba tocando el coño con tres dedos, las piernas bien abiertas.
—No me cabe en la boca —se quejó Ángela —. Ya me cansé.
—Lame los huevos —le aconsejó Estefy.
Eso le pareció más atractivo a mi hermana. Hundió la cara en los testículos de mi hermano y comenzó a morderlos, a succionarlos y a pasar su lenguita por todos lados.
—Esto me gusta más. Son suavecitos y duros a la vez.
Ya más calmada pude volver yo a lo mío. La vagina de Estefy no dejaba de lubricar. Sus jugos caían muy ricos a mis labios como un aceite excitante que ayudaba a mi lengua a resbalar. Me estaba volviendo un poco más adicta que de costumbre.
—Creo… que… ya…
—¡No! —exclamó Estefy.
Vimos como un gran chorro de semen salia disparada de su glande y le daba a Ángela en la cara. Mi hermana se aguantó la corrida cerrando los ojos y dejando que toda la leche le salpicara la cara. Nada más terminar de expulsar esos chorros, se los recogió con los dedos, lo olió y lo probó.
—¡Guácala!
Nos reímos. Fue Lorena quien se acercó a ella y con su lenguita le limpió el semen de la cara. La mirada que esas dos se echaban era de puro amor y romance. Sonrieron y se dieron dos besitos muy tiernos en los labios.
—Felicidades corazón, ganaste. A quién quieres como esclava sexual por un día.
—Uhm… a Estefy claro.
—¡Bu! Pero yo no me he corrido.
—Eso se puede arreglar —dijo mi hermano, aunque su pene todavía no recobraba la fuerza.
Pusimos a Estefy a cuatro patas. Acto seguido le levantamos el culito y dejamos que Lorena, Ángela y yo le comiéramos el coño. Ya se imaginaran el placer que sentía la chica con tres lenguas recorriéndole toda la entrepierna, escupiendo para que la saliva se mezclara con sus jugos y le resbalara por sus muslos.
Estábamos en eso cuando la puerta se abrió. Nos quedamos paralizados al ver a nuestros padres. Con ellos venía nuestra tía Joan y su esposo Mauricio, un hombre alto y fornido.
—¡Vaya! Parece que has enseñado bien a tus hijos, hermano —rió mi tía.

Un rato después ya estábamos todos en el comedor. Mi tía nos contaba algunas cosas de su viaje y convivíamos como una familia normal. Bueno, éramos normales salvo por el detalle de que todos nos atraíamos sexualmente. Luego tocamos el tema que más nos emocionaba: el sexo.
—Entonces… ¿están de acuerdo con lo que sucede? —nos preguntó a nosotros, los hermanos.
—Sí —respondí yo —. Es… que últimamente me siento más unida a la familia.
—De eso se trata el incesto —mi tía le guiñó un ojo a papá —¿recuerdas como jugábamos nosotros después de la escuela?
Mi tío no parecía disgustado con la plática y acariciaba el brazo de mi tía. A él también le iba esto del incesto y pensaba comenzar una familia así con su nueva esposa.
—Bueno, entonces ya no hay más que decir. Es bueno que ustedes sepan en qué se están metiéndo. Sólo hay que cuidarse para no tener ningún embarazo no deseado o algo así.
—Todo está bien —aseguró mamá mirándonos con coquetería —. El placer de mis niños es lo más importante.
—Vamos todos a la playa —pidió mi tío.
—Pero a la nudista —dijo Estefy y nadie puso objeción.
Así pues empacamos unas cosas y nos metimos a la camioneta. Estábamos felices de que todo en nuestra familia se estuviera tornando así de… extraño y excitante en cuanto al sexo y al incesto. Supongo que gracias a que nuestros padres siempre fueron muy abiertos en cuanto a que nos tocáramos entre nosotros como hermanos ayudó a que no tuviéramos tantos tabues.
Tía Joan era guapa, como ya les dije, e iba muy alegre con nosotros contándonos cosas de su trabajo y eso. Estaba vestida con una bonita minifalda y una blusa. Nosotros en paños menores. Lorena sin sostén. Estefy con su tanguita y su playera. Mi hermano, adelantado y excitado, iba desnudo con su bonita polla semierecta. Estaba sentado al lado de mi tía intentando llamarle la atención, pero la mujer se mostraba muy indiferente con toda naturalidad.
—Además de incestuosa soy nudista —nos contó —, así que no me extraña verles sin ropa. Especialmente a ti, sobrino.
Llegamos a la playa nudista, que estaba un poco más escondida por cuestiones obvias. Nada más bajar, Estefy se deshizo de su tanguita, tomó a mi hermana gemela de la mano y la llevó a la playa. Mis padres y mis tíos bajaron la nevera, las toallas y las sombrillas para instalarse debajo de una palmera. Yo y Alec, tomados de la mano, estábamos caminando hacia el agua.
—¿Cuándo me dejarás romperte el culo?
—Qué sutil —dije riendo y mirando a mi alrededor. Era un campo nudista donde había desde niños hasta viejos. Eso era malo porque no íbamos a poder tener tanta privacidad. Me quité el short y la blusa. Alec ya venía desnudo y su polla empezó a ganar tamaño cuando vio a un grupo de guapas universitarias poniéndose bloqueador.
—¿Nadamos? —nos preguntó tía Joan cuando se nos acercó. Ya estaba desnuda y era espectacular. Sus tetas eran grandes, naturales y firmes de pezones rosaditos. Su coño estaba depilado a tal grado que parecía la de una bebé —¿qué?
—Nada… —dijo Alec, aunque su polla reaccionó. Mi tía rió con coquetería y le dio un besito en la punta de la boca —. Vamos, sobrinos, nademos un poco.
Nos tomó a cada uno de la mano y nos llevó hasta el agua que estaba en su temperatura adecuada. Varias personas estaban allí bañándose o jugando a la pelota con total naturalidad. A parte de las pollas tiesas en algunos hombres, no había mucho… paraíso sexual que ver. Así eran los nudistas me contó tía. No siempre estaban cogiendo como yo me lo imaginaba.
—No se apresuren mamá cuando se nos acercó. Mi tía fue con ella y la abrazó por la espalda.
—Cuñadaaaa… te amo.
—Ya tendremos tiempo para coger entre todos ¿verdad?
—Sí, vamos a hacer de este verano una pequeña fiestecita sexual para ustedes —aseguró tía Joan —les daré una probada para que vean.
De repente mamá gritó.
—¡Joan! ¡No me metas los dedos tan así!
Alec se puso colorado. Bajo del agua, tía Joan estaba masturbando a mamá. Quien cerró sus ojitos cafés y con una sonrisa disfrutaba de los dedos de su cuñada. Entonces sentí las manos de Alec en mi coño y supe que él estaba haciendo lo mismo.
—Oigan, ya que alguien se vaya con mi hermano porque va a estallar —bromeé.
—Más tarde nos encargamos de eso —aseguró mamá, rodeando a Joan con sus brazos y dándole suaves y sexys besos frente a nosotros. Ver a las dos mujeres hacerlo fue sumamente excitante, sobre todo porque yo nunca había visto a mi mamá en tintes lésbicos, pero por la confianza con la que se besaba con mi tía, me dio a pensar de que no era la primera vez que las dos se enrollaban.

Sonreí y me acerqué a ellas, que me recibieron bien, me abrazaron y nos unimos en un beso triple muy rico de madre, hija y tía. Mientras tanto Alec que nos miraba sonriente no podía ni esperar a que llegaran todas esas nuevas aventuras que se nos estaban preparando.

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