Más
tarde, cuando volvimos de ese delicioso paseo familiar, y Ángela se
veía más avergonzada que de costumbre, vimos a Lorena esperando en
la sala y mirando la televisión. Llevaba una diminuta blusa y unos
shorts que mostraban sus esculturales piernas. Nada más verla, mi
hermana se fue con ella y la saludó con una serie de sensuales besos
y luego la muy tierna se puso a llorar mientras la abrazaba con
fuerza. Mamá, papá y yo nos miramos como si fuéramos los culpables
de un asesinato, por haber inducido a que Ángela tuviera sexo
conmigo frente a ellos.
—Creo
que las cosas no salieron como lo esperaba —dijo mi mamá y quiso
hablar con su hija, pero papá la detuvo y le negó con la cabeza.
Hasta yo sabía que era mejor dejar que mi hermana asumiera lo que
había hecho y decidiera si hacer lo correcto. Yo esperaba que sí y
aceptara unirse a nuestra práctica porque francamente la idea de
volver a tener su boca entre mis piernas me ponia loca.
—¿En
dónde está Estefy? —preguntó mamá.
—En
su cuarto —contestó Lorena —. Alec le llamó a unos amigos y se
fue con ellos.
—¿En
serio? Pensé que se quedaría.
—Creo
que tuvo una pequeña pelea con Estefy.
Fuimos
a ver a la chica y la encontramos en su cama, echa un ovillo mientras
escuchaba música con su teléfono. Esta en tanga y sin sujetador.
Nos sentamos al borde del colchón. Papá le dio una palmadita
cariñosa en el trasero y mamá le movió el hombro.
—¿Qué
pasó?
—Alec
es un imbécil.
—¿Por
qué?
—Pues…
—nos miró como si no supiera si contarnos. Mamá le sonrió.
—Hija,
si hemos decidido aceptar tener sexo entre nosotros no hay nada que
no puedas decirnos.
—Es
que… intenté hacerlo con Alec. Eso era obvio ¿verdad? Pero él ya
no quería entrar por atrás. Deseaba… bueno… quitarme la
virginidad y hasta yo sé que no se la puedo dar a mi hermano. Ni en
esta situación. Él insistió. Nos peleamos y se fue.
—¿Eso
hizo ese cabrón? —preguntó papá, visiblemente molesto —.
Tendré que hablar con él.
—Lo
haremos todos —replicó mamá —, ya es hora de poner las cartas
sobre la mesa.
—Lo
siento. Yo sólo… quería disfrutar un poco más.
En
ese momento mamá sonrió.
—Creo
que papi puede complacerte en eso ¿no, cielo?
—¿Yo?
No sé si sea el momento para ello.
Estefy
miró a nuestro padre con sorpresa, como si la idea de tener sexo con
él le resultara extraña. No obstante, se limpió una lagrimita y se
sentó con las piernas dobladas.
—¿Lo
harías?
—Hija…
bueno…
—Es
sólo por atrás —le dijo mamá —, y es Estefy.
—Lo
sé, es sólo que a mis ojos sigues siendo una niña.
—Pero
ya no lo soy —replicó ella —, soy mayor de edad y… quiero
intentarlo. Quiero hacerlo.
Padre
se estaba resistiendo majestuosamente, pero no lo logró por mucho
tiempo. Estefy aunque ya no era una niña seguía comportándose como
una. Cruzó los brazos por debajo de sus hermosas tetitas. Sus
pezones rosados se veían apetitosos, moría por tenerlos en la boca.
—Puedo
hacerlo con ustedes —sugerí, mordiéndome el labio —, es que…
sería interesante.
—¿Y
tú, mamá?
—Ah,
yo debo ir a ducharme y descansar. He tenido suficiente sexo por hoy.
Les dejo solos.
Mamá
se despidió con sendos besos en nuestras bocas y se fue del cuarto.
Papá y nosotras nos quedamos solas y en silencio durante un rato,
sentados en la cama sin saber que hacer. Él nos miraba de hito en
hito, algo avergonzado y yo no comprendía por qué si no era la
primera vez que íbamos a intimar.
—Entonces…
¿vamos a hacerlo o no? —dije a los dos. Estefy y mi padre se
vieron las caras.
—Bien…
son mis hijas, así que creo que debo complacerlas.
—Eso
es —me apuré a quitarle la camiseta y los pantalones. Se recostó
en la cama con la polla semierecta y sus grandes huevos colgando.
A
mi hermanita se le hizo la boca agua al verlos. Lo noté en la
lujuriosa mirada que se estaba echando. Papá abrió un poco sus
piernas y comenzó a masturbarse lentamente. Nosotras miramos
atentamente mientras nos quitábamos la ropa. Poco a poco esa verga
empezó a ganar tamaño, a bombear sangre hasta que se puso tan
erecta como un mástil. Imaginé la satisfacción de mi padre al
verse a punto de tener sexo con nosotras, sus niñas consentidas.
Primero
comencé yo, que me acomodé justo entre sus piernas y sin dudarlo me
llevé su miembro a los labios. ¡Dios! Cuánto lo quería. Me
llenaba la boca en su totalidad. No me lo podía meter más adentro
como quisiera, pero lo poco que entraba me daba para mamar a gusto,
para tocarlo con mi lengua. Cerré los ojos y casi olvidé que Estefy
estaba conmigo.
—¡Me
toca! —masculló mi hermanita como si me estuviera quitando un
dulce. Me hice a un lado y ella ocupó mi lugar. Con una hermosa
sonrisa feliz ella tomó el pene de papi en sus manos. Luego intentó
metérselo en la boca pero como ella tenía una boquita algo más
pequeña que la mía, tuvo ciertos problemas en acomodarla. Cuando
finalmente lo logró, cerró sus ojos y deslizó suavemente el falo
hasta su garganta.
—Creo
que no es una posición muy cómoda para una garganta profunda —dije.
—Pero
quiero intentarlo.
—Sólo
mamá sabe hacer la garganta profunda —le recordé.
—Me
da igual que hagan. Sólo chupen —exclamó papá, gozando de lo
rico cuando la lengua de su pequeña hija le lamió los huevos.
Yo
me sonreí y me fui detrás de Estefy. Hice que se pusiera en cuatro
sin que se quitara el pene de la boca. Luego ella ofreciéndome una
perfecta vista de su culito, le abrí los labios vaginales y deslicé
la lengua por esa hermosa entrada que ya estaba goteando de jugos.
¡ah! Cuánto adoraba verla mojada. Formaba pequeñas gotitas de
flujo que yo recorría con mi lengua. Más al fondo vi su himen
intacto y sentí grandes deseos de romperlo, llegar hasta las partes
más profundas de ella y bombear mi semen. Claro, si fuera hombre lo
haría.
Chupé
la vagina de mi hermanita durante un buen rato mientras me tocaba el
clítoris con ambas manos. Estefy gimió. Yo me sentía tan húmeda
que mis deseos por ser penetrada por atrás fueron muy lejos. O quizá
yo debería penetrar a alguien. Rápidamente salí del cuarto y fui
en dirección a mamá, que estaba acostada en leyendo un libro.
—¿Qué
pasó, hija? Vienes goteando ¡jaja!
—Este…
¿tienes tu consolador? Quiero metérselo a Estefy.
—En
el cajón. Anda, ven un momento.
—¿Sí?
A
penas me acerqué, mamá se inclinó para hundir su boca en mi
vaginita. Eso me sorprendió mucho porque nunca lo había hecho, y a
su vez hizo que me recorriera un buen escalofrío.
—Ay…
mamá….
—Listo.
Una vagina limpia es una vagina feliz.
No
supe si quedarme o no, pero como ella volvió a su lectura, supuse
que no. Me imaginé qué sentiría mi madre de saber que sus hijas
estaban enfiestándose con su esposo. Sea como fuere tomé el
consolador y regresé al cuarto, en donde Estefy ahora le ofrecía a
papá su culito en un fabuloso 69.
—¡Ay!
¡Quería meterte esto!
—Te
atrasaste —dijo ella con una risita coqueta y siguió mamando
apurada.
—Bueno…
al menos métemelo a mí.
—Estoy
ocupada ¿que no ves?
—¿Y
qué hago yo?
—Puedes
esperar.
¡Pff!
Incluso en el sexo nos peleábamos como las hermanas que éramos.
Pero
mi espera no duró mucho. Estefy se compadeció de mí y me dijo que
me recostara en la cama en la posición del perrito. Lo hice
encantada, ofreciéndole mi culito mojado. Ella se colocó detrás de
mí con el dildo en la mano, lamiéndolo para lubricarlo. Papá
esperaba de pie masturbándose.
—Hagamos
una cadena ¿vale? Papá me la mete por el culo a mí y yo a ti.
—De
acuerdo.
Estefy
tenía buenas ideas siempre. Apoyé la cabeza en la almohada y
levanté el trasero. En seguida sentí cómo mi hermanita usaba el
juguete para abrirme el ano, y suavemente deslizarlo al interior.
Sentí sus escupitajos y luego sus gemidos cuando papá empezó a
taladrarla por detrás. Eso me calentó en demasía y más cuando
ella empezó a meter y a sacar el consolador primero despacio y
enseguida más rápido. Miré hacia atrás y vi que mi coqueta
hermanita se reía mientras papá le daba por detrás. Sus pequeñas
tetas se mecían encantadoramente y su pelo iba y venía cubriéndole
la cara.
Estuvimos
así durante un rato hasta que finalmente me llegó el turno. Ahora
sí que iba a sentir de lo rico. Me monté sobre papá y con ayuda de
Estefy dirigí su polla a mi culito. Debido al dildo, mi cola estaba
dilatada lo suficiente como para que ese pene se perdiera en el
interior. Lo más delicioso del anal era cuando la verga salía, y
disfruté de ello. Mientras tanto Estefy se sentó encima de la cara
de nuestro papito ofreciéndole su coño. Estando frente a mí ahora,
me tomó de las mejillas y me plantó un rico beso en la boca, con
todo y lengua. Su saliva goteaba de la comisura de mi boca mientras
me mordía los labios. Papá le brindaba un buen sexo oral y yo me
sentía viva con esa verga entrando y saliendo de mi culito.
Los
gemidos de Estefy eran tiernos y dulces como una princesita sexual.
Tenía las piernas bien abiertas y la sus nalgas apoyadas en el
rostro de su amante. Después de un rato decidimos probar algo
diferente, así que me recosté boca abajo. Estefy se acostó sobre
mí, besándome el cuello y la espalda. Papá frente a nosotras se
masturbaba ágilmente.
—Ah…
hijas… Dios, qué tiernas se ven.
—Te
quiero Andrea —dijo mi hermana. Me di media vuelta y ella se puso
a horcajadas sobre mí. Sus manos sobre mis tetas y las masajeó
suavemente, jugando con mis pezones mientras yo podía sentir sus
jugos mojándome el ombligo.
—Tijeras
—dijo papá.
Nosotras
nos miramos coquetas. Primero separé mis piernas y acomodé a Estefy
entre ellas. Nuestras vaginas entraron en contacto. Los jugos de mi
hermanita y los mios se confundían y nuestros clítoris se rosaban
tan deliciosamente que comenzamos a frotarnos entre sí. Nos
mirábamos a los ojos como dos enamoradas haciendo el amor. Luego
desviamos la vista hacia nuestra entrepierna, donde nuestros labios
en contacto se acariciaban y se separaban mutuamente, permitiendo que
nos uniéramos más.
Finalmente
papá que se estaba masturbando como loco, dijo que se iba a correr.
—Hazlo
aquí —señalé y él acercó su polla justo en el punto donde
nuestros coños se tocaban. Allí descargó una carga de semen
delicioso y caliente. No dejó una sola gota dentro de sus huevos, y
ahora con esa sustancia para lubricarnos más, Estefy y yo seguimos
haciendo tijeras, embarrándonos la leche de papá y masturbándonos
ágilmente.
La
polla no volvió a erectarse durante unos segundos, pero yo quería
seguir con el sexo. Una vez nuestras vaginas estuvieron cubiertas de
semen, Estefy se dio vuelta y colocó su coño justo sobre mi boca.
El sabor de sus jugos mezclados con la lechita de papi le dio un
nuevo sabor..
—Papi,
tienes una llamada —avisó la voz de Ángela.
—Ah,
voy.
—¿Qué
hacen? —nos preguntó mi gemela.
—¡Ven!
—le pidió Estefy, y aunque yo lo dudé un segundo, Ángela cerró
la puerta tras de sí y tímidamente se acercó a la cama —¿no
crees que la vagina de Andrea es riquísima?
—Bueno,
somos gemelas. Mi coño es igual al de ella.
—¡Jeje!
—rió mi hermanita y siguió comiéndome el clítoris.
Ángela
se sentó al borde de la cama y comenzó a acariciar la espalda de
nuestra hermana menor.
—Esto
sí me gusta —admitió —, prefiero ver a dos chicas chupándose
el culo que a mis padres.
—Entonces
¿te nos unes?
—Ah…
no lo sé. Yo…
—Prueba
la de Estefy —le sugerí —es un tanto especial.
—¿Y
por qué?
—Pues…
está muy apretada.
—Claro,
es virgen.
—Tienes
que hacerlo —repliqué.
—Creo
que me abstendré por ahora.
—Eso
sí que no —le gritó Estefy y rápidamente se lanzó sobre Ángela.
Ella se resistió pero no por mucho tiempo porque cuando su hermana
la besó en la boca, se dejó querer.
Era
extraño verla porque era mi gemela. Aun así Ángela abrazó a
Estefy por la cintura y correspondió a sus besos de una forma más
romántica que lujuriosa. A ella sí que le fascinaban las mujeres.
Lentamente levantó el cuello de la pequeña chica y le dio de besos
amorosos por toda la piel hasta bajar a sus senos. Yo me quedé
quieta, mirando como Ángela se comía los pezones rosados de la la
muchacha y le juntaba las tetas deslizando su lengua por las dos.
—Listo,
eso es todo lo que conseguirán de mí.
—Pero
¿cuándo tendremos sexo las tres? Somos hermanas, por favor, chicas.
Hemos jugado juntas desde que éramos unas niñitas —chilló la
pobre Estefy.
—Son
mis hermanas y las amo. Además soy la mayor. Nací un poco antes que
Andrea. Y como su hermana mayor debo mostrar un poco más de madurez.
—Pero
¿tendremos sexo las tres?
—Bueno…
quiero hablarlo con Lorena. No deseo que esto forme problemas en
nuestro noviazgo, que es formal.
—Pero
se ve que Lorena me tiene ganas —rió la pequeña.
—Sí,
se ve. Sólo que es lujuriosa de por sí. Hay que ver si está
dispuesta a hacerlo.
—Cuando
lo hagamos tiene que ser fabuloso —mencioné.
—Lo
será. Bueno, las dejo.
Cuando
ella se fue, Estefy volvió a acostarse sobre mí. Nos dimos unos
besos candorosos en la boca mientras reíamos como niñas.
—Me
encanta acostarme contigo, Estefy.
—Lo
sé. Adoras mi coñito.
—No,
mensa. Te adoro a ti.
—¡Jiji!
Eres como mi novia.
—Lo
soy, mi preciosa hermana menor.
Ella
se enterneció y me dio un dulce beso en los labios.
—Cuando
perdamos nuestra virginidad quiero que lo hagamos al mismo tiempo
¿vale, Andrea?
—Intentaré
que sea así.
—¡Sip!
¿hacemos algo más?
—¿Qué
tal si te meto ese consolador por el culo.
—¡Súper!
—rápidamente se acomodó en cuatro como una perrita y se abrió
las nalgas —. Todo tuyo.
—Bueno…
aquí voy.
Con
un leve gritito de dolor, Estefy y yo continuamos divirtiéndonos el
resto de la tarde.
Capítulo 10
La
llamada que mi padre había recibido la tarde anterior resultó ser
de su hermana mayor, Joan, la misma con la que él había iniciado su
vida en el incesto. Saber eso no nos terminaba de sorprender sobre
todo porque la tía Joan es muy atractiva. Cuando era un poco más
joven fue modelo de lencería para una conocida revista de modas y
ahora que se había casado recientemente ya no trabajaba de eso. Mi
padre nos contó que la había invitado a ella y a su nuevo esposo
para que vinieran a vernos y pasar los días que nos quedaban todos
juntos en familia. Por otro lado yo ya sabía lo que eso significaba,
sexualmente hablando.
Mis
padres fueron a buscarla a la terminal de autobuses al día
siguiente, así que yo me quedé con mis hermanos a ver la televisión
y a hablar sobre lo que íbamos a hacer entre nosotros, que éramos
como los niños de la casa. Lorena y mi gemela Ángela estaban
sentadas en el sillón mirando la película y se daban tiernos
besitos en la boca. Yo jugaba con mi móvil. Estefy, como si fuera el
acto más natural del mundo, tenía en la boca la polla de mi hermano
y le daba una distraída mamada sin despegar sus ojitos de la
pantalla.
—Te
ves muy relajada —comentó Ángela con una sonrisa.
—Tiene
fijación oral —contesté. Estefy nos miraba sin decir nada, con el
pene en su boca como si fuera un biberón —. Siempre tiene que
tener algo en los labios: un bolígrafo, un palillo de dientes…
goma de mascar.
—Quieren
dejarme en paz… ah, pero no me dejen de mirar.
—¿Tanto
te encanta que te vean?
—Me
excita más que el acto en sí —confesó y deslizó la lengua por
toda la verga de su hermano. A mí se me estaba haciendo la boca
agua. Alec permanecía quieto, con la cabeza echara para atrás y
disfrutando de las artes bucales de su hermanita.
—¿Quieren
que juguemos un poco? —propuso Lorena, lujuriosa como siempre.
—¿Qué
tienes en mente, amor?
—Mmm…
necesitamos otro hombre para hacer lo que tenía en mente. En fin,
con nosotras deberíamos bastar. Es un concurso de ver quien hace
correrse a quien primero ¿les gusta la idea?
—Me
parece interesante —acepté. Mi gemela es la que todavía ponía
resistencia a las ocurrencias de su novia.
—Bueno,
vamos a rifar con papelitos quien va a chupar y quien las recibirá.
El primero que haga a su pareja correrse gana.
Mientras
Lorena escribía nuestros nombres en papeles los demás nos quitamos
la ropa. Luego escogimos un papel y los abrimos. A mí me tocó
mamar, a mi gemela también. Estefy y Alec serían los que recibirían
el placer y Lorena sólo se limitaría a observar quién se correría
primero.
—Pero…
yo quiero a Estefy —pidió Ángela —. No quiero chuparle el pene
a Alec.
—Es
sólo un pene —dijo mi hermano y se masturbó un poquito delante de
ella.
—Es
que no me van las pollas. Prefiero el coñíto dulce de Estefy.
A
la muy pilluela de Lorena se le encendió el foco y empezó a
persuadir a su novia de que le comiera la verga a su propio hermano.
Acto seguido todos los demás empezamos a fastidiarla para que
aceptara. Alec se masturbaba concienzudamente delante de mi pobre
hermana para que se le antojara el pene. Vimos como sus pezontes se
ponían un poco duros. Estefy la abrazó por detrás para untarle sus
tetitas en la espalda. Yo me estaba excitando ante la idea de ver a
mi gemela mamando una polla.
—¡Ay,
está bien! ¡Pero ya dejen de joderme!
—¡Perfecto!
El primero en hacer que su pareja se corra, gana un esclavo sexual
por un día. ¿aceptan?
—Aceptamos.
Estefy
y Alec se recostaron en la alfombra y abrieron sus piernas. La
vaginita de mi hermana era preciosa, virgen todavía y con gotitas de
jugo fluyendo. En cambio la polla de Alec era imponente, con sus
huevos colgando. Estaba rasurado, así que daba una imagen muy buena.
La pobre de Ángela se sentó con las piernitas muy juntas y no
dejaba de mirar la polla que se iba a comer. Tenía la cara roja y
disgustada por lo que le estábamos obligando a hacer.
—¡Empiecen!
Yo
rápidamente cubrí la vagina de Estefy con mi boca y me concentré
en su clítoris. Sus jugos aderezaban sus labios con un sabor muy
dulce y suculento. ¡cuanto amaba el coño de mi pequeña! Mientras
tanto vi que Ángela a penas estaba tocando la verga de su hermano
con la mano. Tenía entre una cara de confusión y concentración.
Empezó a subirlo y a bajarlo poco a poco. Alec estaba en el cielo
porque encontraba muy excitante que su hermana lesbiana le fuera a
comer el pene.
— ¡Vamos!
—la apresuró Lorena.
—Espera…
—Sólo
tienes que ponerlo en tu boca.
—¡No
me presionen! Yo soy lesbiana. Esta es la primera polla que me voy a
comer.
Lentamente,
como si fuera a morirse por sólo hacerlo, Ángela abrió su boquita
y se introdujo el pene. Cerró los ojos. Mamó un poco y luego
escupió saliva.
—¡Ahg!
Sabe raro.
—Te
estoy ganando —dije cuando oí como gemía Estefy y se pellizcaba
las tetitas.
—No,
eso no.
tomó
aire y volvió a su trabajo. Tenia sus ojitos apretados mientras le
daba una buena chupada a la polla de su hermano mayor. Eso me calentó
y acto seguido introduje dos deditos en el ano de Estefy. Mi
hermanita me presionaba la cabeza y gemía como una princesa. Alec
estaba igual. Ángela ya chupaba con más calma, aunque todavía era
un poco torpe en sus movimientos. Lorena miraba la escena con mucho
interés. Los pezones de sus grandes tetas ya estaban paraditos y se
estaba tocando el coño con tres dedos, las piernas bien abiertas.
—No
me cabe en la boca —se quejó Ángela —. Ya me cansé.
—Lame
los huevos —le aconsejó Estefy.
Eso
le pareció más atractivo a mi hermana. Hundió la cara en los
testículos de mi hermano y comenzó a morderlos, a succionarlos y a
pasar su lenguita por todos lados.
—Esto
me gusta más. Son suavecitos y duros a la vez.
Ya
más calmada pude volver yo a lo mío. La vagina de Estefy no dejaba
de lubricar. Sus jugos caían muy ricos a mis labios como un aceite
excitante que ayudaba a mi lengua a resbalar. Me estaba volviendo un
poco más adicta que de costumbre.
—Creo…
que… ya…
—¡No!
—exclamó Estefy.
Vimos
como un gran chorro de semen salia disparada de su glande y le daba a
Ángela en la cara. Mi hermana se aguantó la corrida cerrando los
ojos y dejando que toda la leche le salpicara la cara. Nada más
terminar de expulsar esos chorros, se los recogió con los dedos, lo
olió y lo probó.
—¡Guácala!
Nos
reímos. Fue Lorena quien se acercó a ella y con su lenguita le
limpió el semen de la cara. La mirada que esas dos se echaban era de
puro amor y romance. Sonrieron y se dieron dos besitos muy tiernos en
los labios.
—Felicidades
corazón, ganaste. A quién quieres como esclava sexual por un día.
—Uhm…
a Estefy claro.
—¡Bu!
Pero yo no me he corrido.
—Eso
se puede arreglar —dijo mi hermano, aunque su pene todavía no
recobraba la fuerza.
Pusimos
a Estefy a cuatro patas. Acto seguido le levantamos el culito y
dejamos que Lorena, Ángela y yo le comiéramos el coño. Ya se
imaginaran el placer que sentía la chica con tres lenguas
recorriéndole toda la entrepierna, escupiendo para que la saliva se
mezclara con sus jugos y le resbalara por sus muslos.
Estábamos
en eso cuando la puerta se abrió. Nos quedamos paralizados al ver a
nuestros padres. Con ellos venía nuestra tía Joan y su esposo
Mauricio, un hombre alto y fornido.
—¡Vaya!
Parece que has enseñado bien a tus hijos, hermano —rió mi tía.
Un
rato después ya estábamos todos en el comedor. Mi tía nos contaba
algunas cosas de su viaje y convivíamos como una familia normal.
Bueno, éramos normales salvo por el detalle de que todos nos
atraíamos sexualmente. Luego tocamos el tema que más nos
emocionaba: el sexo.
—Entonces…
¿están de acuerdo con lo que sucede? —nos preguntó a nosotros,
los hermanos.
—Sí
—respondí yo —. Es… que últimamente me siento más unida a la
familia.
—De
eso se trata el incesto —mi tía le guiñó un ojo a papá
—¿recuerdas como jugábamos nosotros después de la escuela?
Mi
tío no parecía disgustado con la plática y acariciaba el brazo de
mi tía. A él también le iba esto del incesto y pensaba comenzar
una familia así con su nueva esposa.
—Bueno,
entonces ya no hay más que decir. Es bueno que ustedes sepan en qué
se están metiéndo. Sólo hay que cuidarse para no tener ningún
embarazo no deseado o algo así.
—Todo
está bien —aseguró mamá mirándonos con coquetería —. El
placer de mis niños es lo más importante.
—Vamos
todos a la playa —pidió mi tío.
—Pero
a la nudista —dijo Estefy y nadie puso objeción.
Así
pues empacamos unas cosas y nos metimos a la camioneta. Estábamos
felices de que todo en nuestra familia se estuviera tornando así de…
extraño y excitante en cuanto al sexo y al incesto. Supongo que
gracias a que nuestros padres siempre fueron muy abiertos en cuanto a
que nos tocáramos entre nosotros como hermanos ayudó a que no
tuviéramos tantos tabues.
Tía
Joan era guapa, como ya les dije, e iba muy alegre con nosotros
contándonos cosas de su trabajo y eso. Estaba vestida con una bonita
minifalda y una blusa. Nosotros en paños menores. Lorena sin sostén.
Estefy con su tanguita y su playera. Mi hermano, adelantado y
excitado, iba desnudo con su bonita polla semierecta. Estaba sentado
al lado de mi tía intentando llamarle la atención, pero la mujer se
mostraba muy indiferente con toda naturalidad.
—Además
de incestuosa soy nudista —nos contó —, así que no me extraña
verles sin ropa. Especialmente a ti, sobrino.
Llegamos
a la playa nudista, que estaba un poco más escondida por cuestiones
obvias. Nada más bajar, Estefy se deshizo de su tanguita, tomó a mi
hermana gemela de la mano y la llevó a la playa. Mis padres y mis
tíos bajaron la nevera, las toallas y las sombrillas para instalarse
debajo de una palmera. Yo y Alec, tomados de la mano, estábamos
caminando hacia el agua.
—¿Cuándo
me dejarás romperte el culo?
—Qué
sutil —dije riendo y mirando a mi alrededor. Era un campo nudista
donde había desde niños hasta viejos. Eso era malo porque no íbamos
a poder tener tanta privacidad. Me quité el short y la blusa. Alec
ya venía desnudo y su polla empezó a ganar tamaño cuando vio a un
grupo de guapas universitarias poniéndose bloqueador.
—¿Nadamos?
—nos preguntó tía Joan cuando se nos acercó. Ya estaba desnuda y
era espectacular. Sus tetas eran grandes, naturales y firmes de
pezones rosaditos. Su coño estaba depilado a tal grado que parecía
la de una bebé —¿qué?
—Nada…
—dijo Alec, aunque su polla reaccionó. Mi tía rió con coquetería
y le dio un besito en la punta de la boca —. Vamos, sobrinos,
nademos un poco.
Nos
tomó a cada uno de la mano y nos llevó hasta el agua que estaba en
su temperatura adecuada. Varias personas estaban allí bañándose o
jugando a la pelota con total naturalidad. A parte de las pollas
tiesas en algunos hombres, no había mucho… paraíso sexual que
ver. Así eran los nudistas me contó tía. No siempre estaban
cogiendo como yo me lo imaginaba.
—No
se apresuren mamá cuando se nos acercó. Mi tía fue con ella y la
abrazó por la espalda.
—Cuñadaaaa…
te amo.
—Ya
tendremos tiempo para coger entre todos ¿verdad?
—Sí,
vamos a hacer de este verano una pequeña fiestecita sexual para
ustedes —aseguró tía Joan —les daré una probada para que vean.
De
repente mamá gritó.
—¡Joan!
¡No me metas los dedos tan así!
Alec
se puso colorado. Bajo del agua, tía Joan estaba masturbando a mamá.
Quien cerró sus ojitos cafés y con una sonrisa disfrutaba de los
dedos de su cuñada. Entonces sentí las manos de Alec en mi coño y
supe que él estaba haciendo lo mismo.
—Oigan,
ya que alguien se vaya con mi hermano porque va a estallar —bromeé.
—Más
tarde nos encargamos de eso —aseguró mamá, rodeando a Joan con
sus brazos y dándole suaves y sexys besos frente a nosotros. Ver a
las dos mujeres hacerlo fue sumamente excitante, sobre todo porque yo
nunca había visto a mi mamá en tintes lésbicos, pero por la
confianza con la que se besaba con mi tía, me dio a pensar de que no
era la primera vez que las dos se enrollaban.
Sonreí
y me acerqué a ellas, que me recibieron bien, me abrazaron y nos
unimos en un beso triple muy rico de madre, hija y tía. Mientras
tanto Alec que nos miraba sonriente no podía ni esperar a que
llegaran todas esas nuevas aventuras que se nos estaban preparando.
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