lunes, 18 de septiembre de 2017

Hermanos sin tabu cap 13 y 14

Aquella orgía se estaba saliendo deliciosamente de control. El cuarto del hotel se llenaba con los gemidos de todos los participantes. De un lado a mi hermanita Estefy le estaban perforando la recién abierta conchita con fuerza por la polla de mi hermano. Mayra estaba sobre ella, con la entrepierna justo a la altura de la boca de la chica disfrutando de la mamada que le estaba dando, y Hans no perdía ni un segundo en  comerle los pequeños y respingones pechos, masándolos con ternura y fuerza a la vez, metiéndose sus pezones a la boca y tirando de ellos como si quisiera arrancárselos.
Todo parecía discurrir a cámara rápida porque la adrenalina me corría por las venas al ritmo de las embestidas de Sofía y su arnés. Dado que yo era virgen aún, el juguete se estaba enterrando en mi trasero con una profundidad increíble, casi dolorosa y placentera. Por fortuna la hermana de Mayra me había puesto mucho lubricante. Yo me limitaba a disfrutar, a sentir como mis tetas se sacudían con cada penetración.
—Ya me cansé un poco —dijo la mujer, despegándose de mi culo un momento —¿Quieres hacer otra cosa?
—Sí… —acepté. Me dolía el culito y necesitaba dejarlo descansar.
Casi al mismo tiempo los que estaban con Estefy la dejaron para que respirara. Me acerqué cariñosamente a mi hermana y la vi tendida en el colchón, sonriendo como una princesa sexual cubierta tanto de la leche de Mayra, de las mordidas de Hans y con la vagina roja por las constantes penetraciones de nuestro hermano.
—He perdido la cuenta de los orgasmos que he tenido —dijo Estefy, sentándose al borde de la cama con las piernitas separadas —. Me duele todo el cuerpo.
—Pues yo todavía tengo energías para más —mencionó Alec, masturbándose animadamente para nosotras —¿no quieres que te desvirgue?
—No, gracias. Todavía no me siento segura para eso.
—Es una lástima.
Quizá lo era, pero en el fondo, o quizá no tanto, yo todavía esperaba por la verga de papá.
Descansamos unos momentos. Sofia fue a preparar un poco de té para todos y lo bebimos mientras platicábamos sobre cosas triviales. Obviamente estábamos desnudos y listos para continuar cuando las cosas volvieran a encenderse, lo cual no tardó mucho porque de repente, en un acto de cariño y amor, Mayra y su hermanita comenzaron a besarse, a tocarse los senos y a recorrerse el cuello con lamidas.
—Desde muy jóvenes hemos incestado —confesó Mayra, feliz mientras su hermana le daba tiernos besitos a sus pechos y bebía gotitas de leche que sobraban.
Eso bastó para volvernos a calentar. Miré el reloj. Ya era tarde, aunque no creí que mis padres fueran a molestarse si nos atrasáramos un poco más. El único problema, al cual no le prestaba mucha atención, era a la virginidad de Estefy. De seguro mi madre se molestaría mucho cuando supiera que su adorada bebita ya no era tan bebita.
Para no quedarnos atrás, Estefy me abrazó por la espalda y recorrió mi cuello con besos mojados. Podía sentir la presión de sus pechos en mi piel y su calor. Me excité al instante cuando sus deditos hurgaron en mi vagina, separando mis labios y metiendo las yemas lo poco que mi himen se lo permitía. Comenzó a empujarme a la cama y caímos de tal forma que yo quede boca abajo y ella sobre mí. Besó mi nuca y arañó mi espalda. Ahora podía sentir su húmeda conchita en contacto con mis nalgas.
—Quédense así —dijo Alec. Vi que se acercaba con la polla tiesa, separaba las nalgas de Estefy y hundía su miembro entre ellas. Dado el grito de dolor de mi hermanita, deduje que le había clavado la verga en el mero culo.
En seguida mi hermanita se echó al frente y gimió con dulzura a mis oídos. Escuchar esos sonidos me estremeció en cada músculo de mi cuerpo y me llenó de amor de hermana. Le pedí a Alec que esperara un poco mientras yo giraba para quedar boca arriba, tomé a Estefy de las mejillas y la besé con mucha pasión, enredando nuestras lenguas, intercambiando con ellas besos babosos hasta que se me fue el aliento. Cubrí su boca con la mía sólo para escuchar como gemía y su sonido me penetraba. Tuve un orgasmo con sólo eso.
Poco después yo también deseaba perder la virginidad, y me fue muy difícil controlarme en ese aspecto que opté por alejarme un poco de las pollas e irme con las hermanas, que en ese momento estaban haciendo un brutal 69. Mayra, abajo, penetraba el coñito de Sofia con un dildo mientras su hermana hacía lo mismo.
—¿Me puedo unir?
—Claro, amor —dijo Mayra, que se separó de su hermana, se acomodó de lado y abrió sus piernas. Acto seguido Sofía se puso entre sus muslos y empezó a lamer los deliciosos juguitos de su hermana mayor. Comprendí qué querían realizar así que me uní rápidamente, de tal forma que ahora yo lamía el coño de Sofia mientras que Mayra hacía lo mismo con el mío. Estábamos las tres en un delicioso círculo de lesbianas, gimiendo como niñas mientras nos devorábamos el clítoris mutuamente.
Luego oí los gemidos de Estefy y miré con curiosidad. Como ella tenía el cuerpo pequeño y esbelto, mi hermano Alec la cargaba. Ella tenía las piernas enredadas en su hermano y también sus brazos. El pene de Alec la penetraba por la vagina, y poco después, Hans se acercó e irrumpió en el pequeño y estrecho anito de la chica.
—Tómame fotos —vi que me pedía Estefy. Dudé un segundo, pero al final me gustó la idea y acepté.
Fui por la cámara y empecé a tomar imágenes de la súper cogida que le daban a Estefy. Me acerqué justo a su entrepierna, donde las dos vergas se enterraban con profundidad. Me quedé allí mirando y tomando fotos hasta que unas gotas de sus juguitos cayeron en mi rostro. Mi dulce hermana estaba muy lubricada, excitada mientras dos hombres se la cogían a la vez. ¡Cuanto quería estar así! Pero estaba reservándome para papá.
Dejé la cámara a un lado y volví con las hermanas, que me aceptaron de inmediato. Al tiempo que una de ellas me comía el coñito y la otra me daba leche materna, vi a mis hermanos metidos en un apasionante beso. Las mejillas de Estefy sonrojadas, los músculos de los brazos de mi hermano cubiertos de sudor, el ritmo frenético en que los penes entraban por los agujeros de la chica… nos miramos los tres y sonreímos. Al diablo el tiempo, íbamos a disfrutar toda la noche si se podía.

Por la mañana todos se despertaron en diferentes lugares. Yo, por ejemplo, estaba en la cama durmiendo entre Mayra y Sofia. Mi hermanita estaba en el piso, sobre una sábana y dormía con los dos hombres.
—Oigan… arriba. Despierten todos.
Estábamos muy cansados por la orgía de la noche anterior. Me desesperé un poco mientras nos vestíamos y nos despedíamos de la pareja de nudistas. Intercambiamos teléfonos por supuesto porque ellos dijeron que sería de lo más genial volver a coger todos juntos. Luego mis hermanos y yo nos metimos al coche y emprendimos el camino de regreso a casa, sabiendo que nuestros padres nos iban a matar.
Estefy a penas se estaba quieta y se quejaba que le ardía el culo. Yo estaba igual. Alec, feliz, conducía y tarareaba una canción, como si nada hubiese pasado.
Al entrar a la casa quien nos recibió fue papá, y obviamente estaba furioso.
—¿Qué demonios estaban haciendo? ¡Ya vieron la hora que es!
—Nos… quedamos dormidos —me excusé.
—¿En dónde?
—Este… eso no importa mucho, estamos bien y hemos regresado.
—Sí, claro. Eso puedo verlo. A Estefy se le ven todos los chupetones en el cuello y también a ti, Andrea.
—Tuvimos un trío entre nosotros —afirmó Alec.
—Y yo perdí mi virginidad con mi hermanito adorado.
—¿Eso es en serio?
—Si…
Pensé que se molestarían con Estefy, pero fue todo lo contrario. Se pusieron felices por la proeza de mi hermano y todos bajaron de las habitaciones. Decidieron hacer una pequeña celebración por que Estefy era ahora toda una mujer. A mí, personalmente, me parecía exagerado, pero tía Joan me dijo que en la familia, en las costumbres sexuales de las mujeres, la virginidad era un tesoro y que cuando se perdía con la persona indicada y con consentimiento se tenía que celebrar.
—A la única que le falta perderla es a ti —dijo tía mientras comíamos al medio día —¿Ya elegiste a un hombre de nuestra familia o quieres a alguien externo?
Miré a todos los machos presentes. Alec se estaba besando cariñosamente e intercambiando mimos con la pequeña de Estefy, la cual parecía auténticamente enamorada de su hermano mayor. Papá y tío tenían muy buen dote en sus pijas, y elegir se me estaba haciendo un poco difícil, pero quería perder mi virginidad ya.
—Pues… mamá, sino te molesta, me gustaría que papá…
—¿Molestarme? No, como crees, hija. No creo que haya un mejor hombre para convertirte en mujer que tu propio papá, así que si eso quieres, eso se hará.
Esa tarde comenzaron los preparativos para nuestra orgía en honor a mi pequeña vagina, la cual pronto dejaría de ser la misma. Estefy sugirió que filmáramos todo y lo subiéramos a una página de vídeos porno, pero el resto se negó porque era algo meramente familiar, como un cumpleaños. La chica hizo un mohín por esto pero al final decidió que estaba bien y no grabaríamos nada.
Yo tenía que pasar por todo un ritual femenino con las mujeres de la casa. Así pues las chicas estábamos en una habitación, todas desnudas por supuesto. Consistía en realizar algo que Joan llamaba la noche de las musas, en las que madres, hijas y hermanas montarían una pequeña orgía de besos para brindarle amor a la chica que iban a desvirgar, o sea yo. Me parecía algo ridículo pero las costumbres son las costumbres.
Mamá y tía, siendo las mayores, fueron las primeras en actuar. Mi mamá se acostó con las piernas bien abiertas y separó sus labios vaginales con sus dedos. Acto seguido, su cuñada se acostó y empezó a lamer de esos deliciosos jugos. Estefy, desobedeciendo a todos, empezó a grabar con su teléfono como tía le comía la concha a mami, y al parecer le gustaba que la filmaran porque mandaba besitos a la cámara. Lorena y Ángela miraban todo y se masturbaban mutuamente, y no tardaron mucho en hacer un rico 69 justo al lado de las otras dos, de tal forma que sólo Estefy y yo estábamos sin mucho que hacer.
Lo importante de esa noche no fue tanto la orgía lésbica, sino lo que sucedió después, cuando todo hubo terminado y todas, incluida mi hermana, pasó su lengua por mi clítoris. Llegó la hora de que me hicieran mujer por papá, así que me vestí con un baby doll, una tanguita y sin sujetador por supuesto.
En la sala ya habían tendido unas colchonetas y almohadas para que todo se pudiera llevar a cabo. Mi padre ya se encontraba encuerado, con la verga al descubierto y semierecta. Estefy tomaba fotos sin cesar. Nada más llegar con papá, él me abrazó y me dio un saludable beso en los labios.
—¿Estás lista, cariño?
—Sí, creo —contesté nerviosa.
—Pueden comenzar cuando quieran —aceptó tía Joan, y nada más decirlo, algo en mí se activó, la lujuria y el morbo de coger con mi papá, coger como se debe.
Me agaché rápidamente y tomé su polla entre mis labios. La llevé a la boca rápidamente y mamé con cierto frenesí, metiéndomela rápidamente y sacándola despacio. Como mujer es increíble sentir como un pene se pone duro en nuestra boca. Acaricié sus huevos, que estaban grandes y pesaban lo suyo. Cerré los ojos cuando al fin toda la verga quedó erecta y chuparla se hizo una deliciosa total.
Cuando la hube empapado de saliva por completo, me tiré al suelo y me abrí de piernas tanto como pude. Mamá y tía Joan me ayudaron a sostener mis tobillos, de tal forma que toda mi entrepierna quedaba a la vista. Papá se relamió los labios y pensé que me penetraría de inmediato, pero no fue así, sino que se dedicó a bajar la boca a mi coño y comerme el clítoris con mucha fuerza, pasión desenfrenada y amor e padre por su hija.
Mis jadeos se hicieron presentes. Arqueé la espalda y miré a mamá, que me sonreía con ternura. Estefy siguió tomando fotos cada vez más cerca de mi coño para captar todo detalle. Podía sentir como mis jugos resbalaban, mezclados con la saliva de mi papá. Cuando estuve perfectamente mojada, entonces llegó la hora de la verdad. Mamá me acarició la frente. Ángela y Lorena me chupaban las tetas. La verga de mi hermano se enterró en mi boca y yo mamé como si fuera un biberón.
Entonces cuando sentí cómo mi papito hundía su polla en mí, grité de dolor y me brotaron unas lágrimas. Tuve que sacarme la polla de mi hermano, la cual eyaculó en mi rostro justo en ese momento. El semen que cayó fue recogido por mi mamá, que deslizó su lengua cariñosamente por toda mi cara. Papá no sacó su verga en ningún momento y empezó a bombear con fuerza.
—Dame tu polla, hermano —le pedí a Alec.
—No —dijo Joan —déjala que gima. Gime, perrita, gime más fuerte.
Movido por las palabras de su hermana, papá aumentó la velocidad de sus embestidas.
—Dios… hija como aprieta tu coñito.
Y era cierto. Ante esa nueva interrupción, mi vagina todavía no estaba totalmente ajustada al tamaño y por lo tanto cada cogida, aunque placentera, iba acompañada de dolor. Gemí de placer y de angustia, pero invadida por un extraño sentimiento de que esas sensaciones no se fueran nunca.
Papa vino a socorrerme y me besó. Yo lo apreté con mis muslos y brazos mientras continuaba con su pene dentro de mí.
—Me corro…
—Eyacúlame por dentro, eyacúlame toda. Lléname de lechita papito.
Y lo hizo. Sentí la descarga de rico semen invadiendo todo mi interior. Papá jadeó y clavó su verga más fuerte para sacar hasta la última gota de esperma. Yo tardé unos segundos en recuperar la respiración y en sentirme mejor porque sí que me había dolido perder la virginidad.
Papá se separó de mí y mamá fue corriendo a limpiarle la verga con la boca. Mientras tanto…
—¡Le sale la lechita de la vagina! —dijo Lorena. Tía Joan sonrió.
—¿Quién quieres que te limpie?
—Emm…
—Yo, yo, yo,  —pedía Estefy, pero no la elegí a ella, sino a mi hermana lesbiana.
—Ángela.
—¿Qué…? ¡Jo! Que mala.
—Sólo es semen, amor —la apremió Lorena, su novia.
A regañadientes, mi gemela se pasó el pelo para atrás, se acomodó entre mis piernas y cubrió la entrada de mi coñito con su boca.
—Puja —dijo tía con una sonrisa.
Lo hice. Contraje con fuerza el vientre y empecé a expulsar toda la descarga de semen que papá había depositado en mí. Vi la cara de mi hermana cuando empezó a comer, y metió su lengua por mi recién formado agujero para limpiar todo el interior.
—Listo, pero ya no me pidas que lo vuelva a… ¡Auch! ¡Tío! —se quejó Ángela cuando furtivamente nuestro tío le metió la puntita de la polla en el culito.
Nos reímos con diversión, porque esa orgía familiar todavía daba para más.
Capítulo 14

Me desperté al día siguiente con un lindo dolor en todo el cuerpo, de esos en los que sabes que has hecho una tontería y no puedes hacer otra cosa más que estirarte y desear que fuese una linda mañana. Sin embargo, a pesar de la gran cogida que me habían dado la noche anterior por mi papá, una parte de mí se sentía algo vacía. Supuse que extrañaba mi virginidad lo suficiente como para querer reconsiderar todo esto de haberla perdido. Decidí no darle la suficiente importancia o me devanaría la cabeza con ello.
Me vestí con la camisa de mi hermano, sin nada debajo por supuesto y bajé. Todavía era temprano, por lo que la casa veraniega estaba en silencio. Me paseé por la cocina y luego fui a ver a las habitaciones, espiando qué sucedía. Mamá y papá dormían juntos, abrazados con amor. Mi tía Joan y mi tío Mauricio hacían lo mismo. Lorena y mi gemela, Ángela, descansaban desnudas en su habitación. Sin embargo Estefy y Alec no estaban allí. Escuché risas en el baño y fui a ver qué pasaba. La puerta estaba entreabierta y entré con naturalidad. Lo primero que vi me hizo despertar de todo. La pequeña Estefy estaba bajo la ducha, con los brazos apoyados en la pared, el culito levantado y una pierna sostenida por Alec, quien la penetraba suavemente.
—Ah, ¿no sabes qué es la privacidad? —me riñó Alec, fingiendo haberse enojado. Yo sonreí coquetamente y me acerqué para darle un besito en la boca a mi hermanita.
—Ustedes dos sí que no pierden el tiempo.
—Bueno, nos despertamos y se nos ocurrió coger en la ducha.
Me reí. Estefy había encontrado mucho placer, y al final de cuentas de eso se trataba nuestras vacaciones, de dar rienda suelta a todos nuestros deseos sexuales, sin olvidar claro que todo quedaba en familia. Me lavé la cara, distrayéndome con los gemidos de Estefy y de Alec mientras tenían sexo junto a mí. No me quería unir a ellos porque los últimos días mi libido había estado a tope y necesitaba un descanso.
Más tarde cuando todos almorzábamos, mamá anunció que ya era hora de volver a casa. Todos contamos lo que más nos había parecido de la experiencia.
—A mí me encantó ser follada por todos —dijo Estefy orgullosa. Vestía una bonita minifalda de mezclilla y tenía las piernas firmemente cruzadas.
—A mí… me gustan las pollas —confesó Ángela con la mirada baja. Su novia le dio un beso en el cuello.
—Yo preferí ver a todos mis hijos coger entre sí —mencionó mamá.
—Y yo los amo a todos —exclamó mi tía Joan, ampliamente feliz de que al fin hubiese tenido la oportunidad de incluir a nuestra familia en su mundo incestuoso. Papá se demostró igual de alegre.
—Pero la diversión no se acaba con las vacaciones —dijo Alec —¿verdad? Podremos llegar esto a casa.
—Claro que sí, hijo —aceptó mamá y le puso una mano en la entrepierna —,y personalmente me muero de ganas por probar lo que tienes allá abajo.
Papá sonrió. Claro que le fascinaría compartir a su esposa con su propio hijo. Esa era una fantasía siniestra, desalmada y morbosa. Con razón no muchas personas aceptaban una relación de nuestro tipo.
Total que al final de la tarde, luego de otra orgía familiar, tomamos nuestras cosas y volvimos a casa. Mis tios se fueron por su camino y nosotros conducimos todo el camino de vuelta, más unidos que cuando llegamos, aunque de por sí ya lo estábamos.
Sin embargo, con el pasar de los días comencé a sentirme un poco sola. Alec y Estefy se habían hecho inseparables. Anunciaban que ahora eran novios, y su relación meramente sexual había tomado tintes más románticos. Iban al cine, salían a cenar y cogían como locos. No permitían que nadie más participara. Mis padres lo aceptaban y los apoyaban. A mí todavía se me hacía rara la idea de esa relación sentimental. Una cosa era el sexo más salvaje y prohibido, y otra andar de melosos dándose de comer en la boca.
Por otro lado a veces yo no participaba con mis padres cuando me lo pedían. Prefería comerle el coño a mi gemela, o meterme en un trío de lesbianas, o irme a follar con algún amigo, pero me sentía vacía sin saber por qué. El sexo no me faltaba y me encantaba tenerlo.
Entonces una noche mientras cenábamos me di cuenta de qué ocurría. Mis padres se demostraban un profundo amor, y también mis hermanos y hermanas. Ellos tenían sexo con sentimientos y yo… sólo follaba. Me faltaba sentirme amada, y aunque no iba muy de la mano con mi personalidad, empecé a sentirme un poco desplazada por todos.
Pasó una semana sin que tuviera relaciones, y luego dos. Mis padres comenzaron a preguntarme qué ocurría y yo siempre les contestaba con evasivas para que no supieran los celos que me daba verlos juntos. Y además lo aceptaban. Ya no hacían orgías porque Estefy no soportaba ser cogida por alguien que no fuera su hermano. Solamente Ángela de vez en cuando le mamaba la polla a papá y dejaba que él le eyaculara. Mi hermana lesbiana se estaba haciendo un poco adicta al semen.
—Bueno, ¿qué te sucede? —me preguntó Estefy cuando entró mientras yo estaba en la bañera —. Los últimos días has estado rara.
—No quería interrumpirles. Y francamente ya me cansé de coger.
—¡Uy! Eso sonó a sacrilegio.
Como no me reí, ella se puso seria y se sentó al borde de la bañera. Me acarició el pelo.
—¿Qué pasa? De verdad, cuéntame. Me preocupas.
Suspiré. Los ojos se me llenaron de lágrimas y le tuve que contar la verdad sobre mi soledad, mi malhumor y mi falta de amor. Ella me oyó atentamente y luego pensó unos momentos. Después sonrió.
—Lo que tú necesitas es a tus hermanos. De eso me encargo yo.
—¿Qué?
—Cuando termines ven a mi habitación.
Me pregunté que es lo que Estefy quería decir con eso, así que me apresuré a bañarme y me envolví con la toalla. Salí del baño y al entrar a su alcoba vi a mis hermanos ahí.
—¿Qué es esto? ¿intervención?
—No, hermana querida —dijo Ángela y se aproximó para darme un beso en la boca. Luego me quitó la toalla y la dejó caer —. Vamos a darte todo el amor que quieras.
—¿Qué?
—Sí, ven con nosotros —bramó Estefy. Las dos me tomaron de la mano. Me tiraron a la cama y me abrieron las piernas.
—¡Esperen…!
No lo hicieron. Nada más tenerme bien abierta, dejaron que Alec se aproximara. Se había quitado la camisa y las bermudas. Su polla, aunque flácida, ya se notaba un poco grande. Sin reparos se arrodilló. Me sujetó de las caderas y me sonrió.
—Todo esto es para ti, Andrea, para que dejes de sentirte sola.
Me sonrojé.
—Hermanos…
—¡Ya, que empiece la fiesta! —exclamó Ángela.
Y dio inicio con la boca de Alec haciendo destrozos en mi vagina. Separó mis labios con sus dedos y concentró sus esfuerzos en mi pequeño clítoris al que le faltaba ser estimulado. Mientras tanto Ángela se mantenía firme con mis piernas abiertas para darle a Alec todo el espacio que necesitara. Estefy fue otro cuento. Ella se acomodó a mi lado y me dio un beso terriblemente jugoso en la boca. Luego siguió por mi cuello hasta mis tetas, las cuales juntó y apretujó. Incluso las levantó para que yo misma pudiera lamerme los pezones. Qué rico se sintió morderme mis propias puntitas. Me dejó así unos momentos mientras se desnudaba rápidamente, se paraba sobre mí y dejaba caer su hermoso culito justo a la altura de mi boca.
—Lame, perrita —dijo con toque sexy, y ya comprendiendo lo que mis hermanos deseaban, lo hice. ¡Ah! Los jugos de mi dulce hermanita me encantaban. Sabían diferentes a los de Lorena, de mamá, de Ángela y de tía Joan. Eran más sabrosos, como delicioso aceite. Me apresuré a lamer las gotitas que caían y agradeciendo que las mujeres de mi familia fueran tan buenas lubricando sus coños.
Luego de que Alec terminó de darme sexo oral, me tomó de los tobillos y los puso sobre sus hombros. Estefy se hizo a un lado, pero no me dejaron respirar porque en seguida mi gemela puso su vagina al alcance de mi lengua. También estaba sumamente mojada y no perdí un segundo en lamer aquél fresco manjar, a deslizar mi lengua por los pliegues de su coñito y morderle los labios. En ese instante la verga de Alec me penetró y yo gemí con total satisfacción. Sentí que Estefy me lamí el clítoris para aumentar mi excitación, y vaya que estaba dando resultado porque en unos momentos gemí y tuve que dejar de comerme a Ángela.
Mi gemela rió. Se abrió los labios con sus deditos y rogó que la penetrara con mi lengua. Lo hice, explorando cada rincón de su dulce agujerito que manaba como una fuente.. Sin embargo ya me estaba cansando de las conchas. Necesitaba de una polla cuanto antes.
Alec lo entendió de inmediato y se arrodilló en la cama. Yo me puse a cuatro patas y no tardé nada en devorarle el pene, metiéndolo hasta el fondo de mi garganta mientras él me tiraba de cabello y me guiaba. La saliva me escurría de la comisura de la boca. Tuve que controlarme para no tener arcadas. Estefy logró hacerse espacio debajo de mí y se concentró en lamerle las bolas a nuestro hermano. Ángela miraba todo encantada y lo filmaba con una cámara de vídeo. Me dijo que sonriera y así lo hice.
A continuación la dejó grabando sobre el buró y sacó de debajo de la cama una caja blanca. De ella extrajo un arnés sumamente grande y no tardó mucho en colocárselo.
—Levanta el culito —me pidió, y yo lo hice. Ella se acomodó detrás de mí, y separó mis nalgas con antusiasmo.
—¿Por el culo o por la vagina?
—Vagina —dije, separándome unos segundos de la polla de Alec.
—A la orden, hermanita adorada.
Nada más sentir cómo el arnés me entraba, grité de placer. La superficie de esa polla falsa tenía un delicioso relieve que me destrozaba por dentro y me hacía gemir mucho más. Oía como me daba de nalgadas fuertes.
—¡Vamos, grita más perrita! ¡Grita más!
—No puede, tonta. Tiene mi verga en la boca.
—Ah…
Nos reímos. ¡mis hermanos me estaban cogiendo y yo lo adoraba.
Estefy salió un momento de la habitación y volvió, ahora ella también traía un arnés igual de grande que el de Ángela.
—¿Se puede saber de dónde lo has sacado? —le pregunté.
—Es mío —dijo con una risita de niña —. Ya que a ti te encantan los penes, podríamos simular que somos hombres y darte lo que tanto anhelas.
—Pues se están tardando —les dije.
Nos acomodamos de la forma en la que la polla de mi hermano me seguía llenando la boca. Mientras tanto Ángela se colocó justo debajo de mí. Verla a ella fue como mirarme al espejo y eso me excitó más. Mis tetas grandes caían y aprisionaban a las suyas. En un segundo, su arnés se abrió paso hasta mi vagina y la perforó con suma brusquedad. Gemí. Al hacerlo el pene de mi hermano me entró en la garganta.
—Van dos —dijo Alec.
—Y aquí viene la tercera —exclamó Estefy, muy feliz. Ya había humedecido mi anito con su lubricante. No perdió tiempo en abrirme las nalgas y en introducir todo su jugete dentro de mi recto. Yo grité al notar esa dolorosa penetración. Alec me dio tiempo de que me tranquilizara, pero no podía hacerlo porque mis dos amadas hermanitas me estaban rompiendo allá atrás. Podía sentir como sus dos juguetes entraban y salían a diferentes ritmos. En el culo, el placer era inmenso, pero en la vagina lo era también.
Mi hermano se alejó para mirar con sumo atractivo la escena, y yo desvié la mirada al espejo y lo que vi me encantó. Estaba yo de perrito, con el culo arriba y siendo cogida por dos mujeres muy hermosas. Mis tetas se movían libremente con cada embestida. Nuestros cuerpos sudaban y nuestras vaginas no dejaban de soltar abundante lubricación.
—Esto… me fascina. ¡Mas duro! ¡Mas duro, putitas! ¡Oh, si! ¡Sí! —grité cuando ellas se movieron mucho más fuerte y se reían de mí forma de hablar.
Poco después decidimos cambiar un poco la posición. Consideramos usar el arnés para metérselo a nuestro hermano, y casi lo logramos, pero no se dejó y todo se volvió una situación de lo más cómica. Así pues yo me coloqué uno de los juguetes. Estefy se puso a cuatro patas y me ofreció su anito. Yo no dudé un segundo. Le puse un condón al consolador y acerqué la punta, primero rozándola con suavidad y después metiéndosela hasta la mitad. Ella no gimió. Su culo ya estaba acostumbrado.
—Espera… cambiemos de posición —dijo y se giró de costado, abriendo sus piernas. Yo me coloqué de la misma posición, penetrándola todavía. Levanté un muslo y dejé que ahora Ángela y su arnés se unieran a la fiesta, y como pudo hizo a un lado la correa del arnés que me sujetaba y también me lo introdujo por el coño. Alec, por supuesto que no se perdió la fiesta y él introdujo toda su verga en el coñito mojado de Ángela.
Y de repente allí estábamos los los cuatro, mezclados en la orgía más hermosa de nuestra vida, gimiendo todos juntos como los buenos hermanos que habíamos sido desde niños. Tuvimos nuestros orgasmos, en especial le prestábamos atención a Estefy, cuya dulce voz nos ponía a mil.
Después de eso Alec y Estefy se tiraron al piso bocaarriba. Yo me senté encima de la polla de mi hermano y Ángela sobre el arnés de nuestra hermanita menor.
—Despacio… —le dijo la chica mientras su hermana mayor dejaba que el juguete se le metiera por el anito.
—No sé cómo me convences de que me rompas el ojete —protestó Ángela.
—Sabes que te gusta, mujer.
—Sí… pero sigo siendo lesbiana de corazón y me da un poco de pena saber que mi culo se está comiendo un juguete de plástico.
Eso nos dio risa. Con mucho cuidado Ángela se deslizó hacia abajo hasta que todo consolador se le hubo enterrado. Luego volvió a subir y a bajar lentamente.
—¿Mejor? —le dije. Estabamos frente a frente, mirándonos cavalgar al mismo tiempo.
—Sí. Vaya, así me veo cogiendo. Qué bueno que somos gemelas.
—Lo sé —me reí y la tomé de las dos manos mientras terminábamos de sincronizar nuestros movimientos y cabalgábamos a la par. En poco a Ángela dejó de producirle ese molesto dolor y se encontró disfrutando de lo mismo que yo. Se reía y no paraba de decir lo mucho que le encantaba ser follada por detrás, y más si se trataba de una mujer.
Cuando mi gemela y yo tuvimos nuestro orgasmo, decidimos probar algo nuevo y nos pusimos arrodilladas una tras la otra, de tal manera que mientras yo mamaba la polla de Alec, Ángela me penetraba el coño y tras ella Estefy le hacía lo mismo.
—Ah… me corro, niñas.
En seguida las tres nos separamos y rodeamos el pene de nuestro hermano, que siguió masturbándose rápidamente hasta que sus huevos descargaron una potente eyaculada sobre nuestras caritas. El semen nos bañó a las tres. A mí me entró por la boca. A Estefy le dio en la frente y sólo a Ángela se le metió en la nariz y la hizo hacer caras graciosas.
Tras eso nos reímos como buenas hermanas y nos tiramos a la cama para amarnos entre las tres mientras nuestro hermano se recuperaba. Se sentó a disfrutar del show lésbico. Estefy y Ángela hacían unas tijeretas hermosas, y yo miraba atenta como sus coñitos intercambiaban sus juguitos y sus muslos se movían rápidamente produciéndose más placer. Fue tan excitante ver a mis dos queridas hermanas hacerlo.
Más tarde yo también hice unas tijeras con Estefy mientras Ángela se empezaba a preocupar por mi hermano y le practicaba una mamada de emergencia. Le lamía hasta las bolas con mucho ahínco, como si en su mente sólo hubiera hombres y no mujeres. Entre tanto Estefy y yo nos mirábamos, sonreíamos con amor de hermanas y cuando tuvimos nuestro orgasmos, se subió sobre mí y me besó llena de pasión.
—Está listo —anunció Ángela, trayendo felizmente al hombre de vuelta a la acción.
Ésta vez hicimos una “torta” como decía Estefy. Abajo yo, boca abajo. Encima mi gemela y arriba de las dos, Estefy. Alec tenía de dónde elegir y no tardó en penetrarnos alternadamente a las tres. Era divertido, muy divertido aunque algo incómodo tener a mis hermanas encima de mí y no saber en qué momento nos penetrarán. Como no pesaban mucho porque eran delgadas, no había más problema.
El pene me entraba a mí luego de salir empapado de los jugos vaginales de Estefy, e inmediatamente se iba contra Ángela para volver a mí. Era una sensación indescriptible.
Al final las tres alcanzamos el clímax de una manera genial. Mis hermanos me tiraron a la cama, y se recostaron a mis lados. Bueno, sólo Alec y Ángela para comerme las tetas, porque Estefy apoyó mi cabeza sobre sus piernas y me acarició la cara.
—Te amamos, Andrea. Puedes unirte a nosotros cuando quieras. Será más divertido. Somos hermanos. Jugamos como niños y ahora también lo haremos ¿verdad, Ángela?
—Sí. Aunque sigo siendo un poco lesbiana, puedo comerte el coño cuando quieras. Sólo tienes que pedírmelo.
—Yo yo también ¿verdad?
—Claro, hermano.
Sonreí y los traje hacia mí para besarlos a cada uno de boca en boca.
—Los amo. Son lo máximo.
Estefy sonrió y me besó los labios.
—Quiero que tengamos más tardes como esta. Recuerden que somos hermanos sin tabú ¿verdad?
Nunca pudimos estar más de acuerdo los cuatro. Y eso éramos. Hermanos que se amaban, que follaban y se apoyaban. Hermanos sin tabú.

Hermanos sin tabú cap 11 y 12

La tía Joan era muy sensual en toda la extensión de la palabra. Tan pronto como hubo terminado de bañarse, se tendió sobre la arena y se quedó ahí para asolarse, con las piernas abiertas y exponiendo su precioso coño a todos los que pasaran cerca. Mi papá estaba junto a ella y le untaba bloqueador por todo el cuerpo, incluso por sus pechos los cuales él masajeaba delicadamente. Podía ver como la polla de mi papá adquiría un poco de grosor. Mi mamá reía y estaba encantada de que Alec también le pusiera bloqueador en la espalda. Lorena y mi gemela estaban un poco más alejadas de ellos, tendidas en una toalla mientras daban un buen espectáculo de besos lésbicos a los curiosos.
—Entonces, tío, sólo quedamos tú y yo.
—Parece que todos los demás se han entretenido.
Me giré hacia él. Era un hombre fornido de casi un metro ochenta. Los dos estábamos en el mar, con el agua hasta la altura de nuestro estómago, de modo que mis tetas estaban al descubierto. Como mi tío era nudista no les prestaba mucha atención, lo cual ayudaba a manejarme con confianza con él.
—¿Quieres… hacer algo? —le pregunté coqueta y me pequé a su cuerpo, de modo que mis pechos le rosaron la piel. Él me miró con una coqueta sonrisa —Algo a solas ¿te parece?
—¿Qué tienes en mente, sobrina?
—Bueno, si quieres cogerte a la hija de tu cuñado… mi culo está listo.
Mi tío Mauricio se rió un poco y miró en derredor. Luego me metió un buen beso con lengua y tomada de la mano salimos del agua. Su polla no estaba parada pero si que estaba adquiriendo un bonito grosor. No era la más larga, pero se veía apetitosa, con un glande bien formado que comenzaba a hincharse ante la respuesta de evidente sexo.
Yo iba con mi sonrisita de oreja a oreja, y ya me estaba poniendo un poco mojada y no precisamente por el agua. Pasamos junto a unos muchachos que seguramente estaban en la universidad y se me quedaron mirando abobados. Fingí que no les miré y continué pegada a mi tío, que me llevaba hasta un sitío algo más alejado de los nudistas, justo debajo de una palmera.
—¡Maldición! Olvidé la toalla. Espera, vuelvo enseguida.
—No, iré yo, tío. Igual tengo que ir por un condón.
Volví por la arena caliente y me acerqué a mamá, que disfrutaba del sol.
—¿Qué pasa cariño?
—Tío me va a coger ¿tienes condones? —le pregunté mientras husmeaba en su bulto. Nada más decir eso mi papá se puso en alerta.
—¿Qué Mauricio qué?
—Este… pues vamos a tener un poco de sexo, papi.
—Déjalo, déjalo —dijo su hermana —. Se supone que para eso es esta experiencia ¿no?
—Pero Andrea es virgen. ¿Estás de acuerdo en que sea tu tío el que te desvirgue?
—Ash, no me va a desvirgar. Lo haremos por detrás.
—Ah… —eso alivió a papá, y no perdió tiempo de mirarme el coño con un brillo de deseo en sus ojos. Entonces se me ocurrió una idea excelente.
—¿Papi? ¿quieres venir conmigo?  Así no te pondrás celoso.
—¡No estoy celoso!
—Entonces ven.
Miró a mamá como si le pidiera permiso. Ella sonrió.
—Ve.
Dejó a mi tía. Le tomé de la mano y lo llevé hasta donde estaba tío Mauricio. Mi corazón latía enormemente ante la premisa de tener sexo con dos hombres más adultos que yo, y los dos dotados con penes gruesos que al final de cuentas era lo que más importaba, y no tanto el largo. Literalmente se me hacía agua la vagina y nada más llegar, los dos hombres se dieron una palmada y se acostaron en la arena uno junto al otro.
—Mauricio, más te vale no ser tan duro con mi bebé.
—Descuida.
—Ay, papi, que tampoco tengo un culito de cristal —me reí y me senté entre ellos. Tomé la verga de cada uno con la mano y comencé a masturbarlos al mismo tiempo.
Me olvidé de lo que era el pudor. Además mi pecho latía deprisa ante la idea de tener sexo con mi papá y mi tío, y no sólo eso, sino que lo haría en un sitio público, a la vista de muchas personas. Aunque estábamos en un lugar algo apartado, los playeros me veían y yo les podía ver a ellos. Imaginé que debería de gustarles la imagen de una muchachita como yo jugando con dos penes a la vez.
—Veamos… ¿a quién me comeré primero?
Antes de poder hacer algo más, papá tiró de mí. Me subí a horcajadas sobre él y miré a mi tío con una divertida sonrisa.
—Ups. Te ganaron.
—Carajo.
—Pero disfruta del espectáculo.
Acto seguido tomé a papá de las mejillas y le di un sensual beso con lengua. Él era un hombre maduro y si me olvidaba que yo era su hijita, el sexo se volvía un poco aburrido. Para que fuera excitante debía tener muy presente que él era mi padre, el hombre que me había cuidado desde niña. Eso alimentó el morbo e hizo que le besara con más intensidad mientras él me apretaba las nalgas con ambas manos.
En seguida bajé a besos por su pecho y me di la vuelta, de tal forma que mi culo quedó justo sobre su boca y mis labios a la altura de su pene. Papá no perdió tiempo en separar mi coño con sus dedos y hundir su lengua entre ellos. Estaba mojada y segura de que mis jugos le estaban humedeciendo toda la boca. Yo tomé su verga entre mis deditos y primero le di un beso al glande. Acto seguido me lo metí a la boca con suavidad, disfrutando de cada centímetro que se me enterraba en la garganta.
Mi tío miraba la escena asombrado y con una sonrisa mientras se acariciaba la verga. Le guiñé un ojo y continué con lo mío. Me separé cuando gemí porque papá tiró de mis labios vaginales con sus dientes. Se sentía tan bien cuando su barba raspaba contra mi clítoris. Además mi mamada estaba acaparando la mirada de varias personas, mujeres y hombres por igual, que disfrutaban del show como si fuera una película porno en vivo. Me dio un poco de pena seguir con lo mío, pero era más mi deseo de ser cogida por estos dos hombres que no me interesó tener público.
Tío se levantó y se colocó a mi lado. Yo me incorporé con las piernas flexionadas para no ahogar a papá con mi culo, y después tomé el pene de Mauricio y me lo llevé a la boca con una mamada rápida. Podía ver en la distancia que algunas mujeres también mamaban las vergas de sus esposos. Estaba despertando el deseo de las otras personas y comprendí porque a Estefy le gustaba que la vieran coger.
La verga de Mauricio me llenaba toda la boca y con la lengua de papá haciendo estragos en mi clítoris me estaba sintiendo en las nubes. tío sacó su pene y me dio golpes con él por toda la cara. Después me lo restregó por todos lados, incluso por los oídos. Me sentía como una niña recibiendo su regalo de navidad, feliz y a la vez muy excitada.
Papá se cansó de chuparme el coño.
—Ponte en cuatro —me pidió y yo le obedecí. Me tumbé sin dejar de ver a las personas. Incluso les saludé con la mano.
Papá se acomodó detrás de mí y embarró mi ano de saliva. Después sentí como dirigía su miembro hasta mi agujerito e irrumpía en él con evidente facilidad. Ya que el sexo anal era el paraíso para mí, lo practicaba muy seguido y por lo tanto ya no ofrecía la misma resistencia que antes, pero cuando el pene estaba en mi interior, yo apretaba los músculos y levantaba el trasero para atraparlo. Mi padre gimió cuando lo hice y luego deslizó la verga lentamente hasta sacarla. En seguida la volvió a meter de un empujón.
—Me toca —dijo tío. Noté como intercambiaban lugares y cuando el grueso pene de Mauricio me penetró, el cambio fue instantáneo. Di un grito de placer y luego me reí. La saliva me caía por la comisura de la boca. Adelante dos mujeres también estaban de a perrito y sus maridos bombeaban dentro de ellas.
Papá acercó su verga a mi boca. Le pedí que se hiciera a un lado mientras se la mamaba, para que yo pudiera ver a las otras personas que disfrutaban igual que yo. Con un dedo les indiqué que se acercaran un poco más. Las mujeres hablaron con sus maridos y rieron. Poco después, dos parejas se aproximaron unos metros más, de tal forma que ahora las podía ver con claridad. Una de ellas era de raza negra, pero muy atractiva, con tetas preciosas y un rostro muy bonito. La otra era rubia y pecosa, con pechos frondosos de los cuales manaban gotitas de leche.
—¿Estas amamantando? —le pregunté mientras se ponía en cuatro frente a mí y su marido, detrás de ella, le rompía el coño.
—Sí. Tengo un bebé de medio año. Por cierto, me llamo Mayra ¿tú?
—Andrea, y ellos son mi papá y mi tío.
—¿Incesto? Genial… ag… amor, no tan fuerte.
La mujer de color no mencionó nada. Se colocó a mi lado. Su esposo habló con mi papá y le preguntó si le gustaría penetrar a su mujer.
—Lo siento. Incestamos, somos nudistas, pero… sólo lo hacemos entre familia.
Me sorprendí de que él dijera eso, pero también me agradó. Si iba a tener sexo con otra mujer más valía que fuera entre familia ¿verdad? El hombre dijo que no había problema y se dedicó a ensartar a su mujer, cuyas tetas se mecían al ritmo de las cogidas.
—¿Y vienen aquí con toda la familia? —preguntó Mayra con naturalidad, como si su esposo no le estuviera rompiendo el culo.
—Sí… ahg…
—Ah, qué lindo… uhmm, ay, sí, amor sí…
—Tú marido es muy guapo.
—Y está bien armado. Uy… sí, dame por el culo, por el culo.
Me reí y me la pasé charlando un poco más con Mayra, y era chistoso porque conversábamos entre gemidos. Mi papá y mi tío se turnaban para romperme la cola. Uno me la daba duro, otro suave y me costaba distinguir quién era quien porque no les podía ver.
—¿Te gustaría lamerme un poco el coño? —me preguntó Mayra sin descaro
—Este… claro.
Me guiñó un ojo y se dio media vuelta, ofreciéndome una vista de su perfecto culito. Su coño estaba tan limpio como el de un bebé y sus labios se aplastaban formando lo que Alec llamaba una perfecta empanada. Pequeñas gotitas de flujo y semen le caían. Se veía tan apetitosa que no dudé un segundo en hundir la boca en ella, sentir su aroma a sexo y su sabor a mieles de mujer. Oí como Mayra gemía. Busqué su clítoris y me concentré en él, en el sabor de sus jugos vaginales y en morderlo y tirar suavemente de los pliegues de su vagina.
—Ah, si. Lo haces bien, Andrea. Muy bien, de hecho. Lame más fuerte.
Para ser una madre joven tenía un apetito voraz y yo también. Me fui directo contra su culito. Luego se separó un poco.
—¿Te puedo lamer a ti?
—Si logras quitar a estos dos de encima de mí.
—Ah, no es necesario. Dame espacio.
Como pudo, Mayra se arrastró por debajo de mí hasta improvisar un delicioso 69. Abrió sus piernas para darme una hermosa visión de su coñito, el cual yo me apresuré a llevarme a la boca. Mi tío se acercó con su polla poco después y se masturbó rápidamente frente a mí. Yo le correspondí con unas mordidas y deslizando mi lengua por sus huevos grandes y pesados. De repente un chorro de semen me pegó la cara y se me metió hasta por la nariz. Me reí mientras su leche se descargaba por toda mi cara. Gotitas caían en el vientre de Mayra.
—¿Alguien eyaculó sobre mí? —preguntó, con su voz ahogada por mi vagina en su boca.
—Mi tío.
—Ah…
— Enseguida te limpio —deslicé mi lengua por todo su vientre y recogí el semen hasta comérmelo todo. También limpié la verga de mi tío.
En ese momento la mujer de color gimió muy fuerte. La saliva se le caía por la comisura de la boca. Su marido presuroso salió de su culo, se fue a su boca y le clavó la verga justo cuando descargaba chorros de semen. La boca de la mujer se infló y luego escupió una buena cantidad de lechita caliente.
—¿Quieres que le limpie? —le pregunté.
—Hazlo, si quieres.
Tomé el pene de su marido y también me lo acerqué a la boca. Mamé de él, cuya verga negra era tan gruesa que a penas me entraba por los labios. La dejé totalmente limpia y bañada de saliva. Cuando me separé también vi que el esposo de Mayra me ofrecía su pene. Sonreí y puse los ojos en blanco ¿desde cuando soy la limpia pijas? De todos modos también a él le lamí hasta dejarlo limpio. Y de repente sin que pudiera hacer nada, tanto el pene de mi tío como el del esposo de Mayra se clavaron en mi boca. No podía hablar ni gemir. Tuve un orgasmo excitada tanto por la verga de papá en rompiéndome el culo, los dientes de Mayra castigando mi clítoris y dos penes en la boca ¿qué más podía pedir?
—Ay, eso fue hermoso —dijo Mayra cuando me levanté. Sus pezones seguían sacando pequeñas gotitas de dulce leche materna. Se sentó en la arena feliz de la vida y su marido al lado con la verga flácida. La pareja de piel oscura se despidieron de nosotros y volvieron a su grupo de amigos.
—Entonces… eso fue rico —dije con una sonrisita y mis dos hombres al lado.
—Cariño, nuestro niña —habló el esposo de Mayra. La mujer giró la cabeza. Vio que una chica venía de una caminata en la playa y traía a una niña tomado de la mano
—Uy, terminamos justo a tiempo —se volvió hacia mí —. No te he presentado. Él es mi esposo Hans, yo soy Mayra. Esa pequeña de allí es mi hija Mariana. La mujer que viene con ella es mi hermana menor, Sofia.
—¿Son una familia de nudistas?
—Sí, y estaríamos encantados de poder volver a tener un encuentro, si te parece, claro.
—Este… pues creo que sí. Sólo tendrías que conocer a toda mi familia.
—Creo que si lo hablamos con tía Joan estará de acuerdo —dijo papá —. Ella es la experta en nudismo y eso.
—Perfecto —sonrió Mayra, se acercó y me dio un besito en los labios —. Estaremos allí, en esa sombrilla verde tomando el sol. Si les interesa, vengan a vernos y discutiremos donde llevar a cabo nuestra orgía, o cualquier otra práctica que les guste. Vámonos, amor. Adiós a todos, un gusto conocerlos.
Mayra se fue caminando coquetamente. Sus nalgas se movían respingonas y tenía una cintura muy estrecha. Para ser mamá de dos hijos se conservaba joven y muy atractiva. Llegó con su hija y la abrazó cariñosamente.. Después se giró hacia mí y se despidió con la mano. Le devolví el gesto.
—¿Qué hacemos? —les pregunté a los dos hombres.
—Creo que… podría ser interesante —dijo tío. Los tres nos reímos. Nuestra próxima sesión iba a incluir seguramente a una mujer con las tetas llenas de leche. Esa… era una de mis más grandes fantasías.
Capítulo 12

Volvimos con los demás. Personalmente me sentía muy excitada por la posibilidad de tener sexo con personas que no fueran familiares, además de que me costaba deshacerme de la bonita imagen de Mayra y su trasero respingón siendo penetrado por su esposo, y la sensación de su lengua comiéndome el coño. Esa mujer sin duda sabía lo que hacía con su boca.
En la playa estaba tendida mi mamá y Estefy, las dos conversando como si nada, desnudas por supuesto. Verlas juntas hacia que mi cabeza albergara lujuriosos pensamientos de ellas dos juntas: la frágil y traviesa de mi hermanita menor contra la prominente y sensual madura que era mi madre, con toda esa experiencia sexual de seguro le partiría el culo a la pobre chica. Mi tía estaba un tanto más lejos y platicaba animadamente con Ángela y Lorena. De seguro indagaba sobre su relación y trataba de meter a la recatada de mi gemela en los juegos sexuales familiares. Además haber visto a Ángela probar una polla me excitó tanto que el simple recuerdo me humedeció un poco.
—¿Cómo estuvo? —preguntó mamá dándole un sonoro beso en la boca a papá y a tío.
—Todo muy bien —les respondí y me recosté en la arena. Acto seguido Estefy se puso a horcajadas sobre mí como una niña chiquita y acomodó su cabeza sobre mis senos. Ay, cuánto amaba a mi hermana, tan tierna y a la vez, toda una princesa sexual —. Conocimos a una familia de nudistas que están interesados en participar con nosotros.
 —Uhm… no lo sé, hija. Creo que por ahora nos mantendremos entre familia. Esto del incesto es algo muy propio de nosotros. No nos gustaría meter a gente ajena al círculo.
Hice un mohín.
—A mí no me importaría coger con alguien más —dijo Estefy, que en ese momento le daba delicados besos a mis pezones —. De hecho quiero perder la virginidad ya. Me duele el culito de tanto hacerlo anal.
—Lo que pasa —dijo mamá —, es que para ustedes dos teníamos pensado hacer una fiestecita especial para que las desvirgaran. Pueden elegir entre cualquiera de los hombres de la familia o decidir entregarle su virginidad a otra persona. Deben saber que es algo sagrado y que una vez que pierdan no podrán recuperar.
Tanto Estefy como yo pusimos los ojos en blanco. Aunque mamá fuera toda una reina del sexo, seguía siendo un poco tradicional en varias cosas.
Le contamos a tía Joan lo que pensábamos hacer. Alec se vio interesado en cuanto oyó a la mujer amamantando y lo atrevida que era. Sin embargo nuestra tía recalcó que no. Esa vacaciones eran para que nosotros los más novatos de la familia disfrutáramos del nudismo y del incesto. No era momento de meter a otras personas en nuestras sesiones de sexo. Estefy demostró su desconcierto y su urgencia por perder la virginidad.
—Calma, calma. Cuando volvamos a casa haremos una pequeña fiesta —prometió tía —. Bueno, será mejor que volvamos a la casa a descansar. Ya nos expusimos mucho al sol.
Todos volvieron a la camioneta menos Estefy, Alec y yo.
—¿Qué creen que debamos hacer? —me preguntó Alec —. Yo realmente quiero probar la leche de esa mujer.
—Te apoyo, hermanito —dijo Estefy feliz y tomó el pene de Alec  entre sus manos.
—Yo también tengo muchas ganas de coger. Mmm… tal vez ellos se enojen, pero tengo una idea. Síganme.
Les dije a nuestros padres que les alcanzaríamos después de dar una caminata por la playa, pero en realidad nos fuimos en dirección a la pareja de nudistas. Yo caminaba con emoción por estar desobedeciendo a mi tía. Estefy y Alec platicaban con normalidad excepto porque mi hermana sujetaba la verga como si le llevara de la mano. Qué tierna, pensé. Llegamos hasta donde estaba la sombrilla. Mayra y su esposo nos saludaron.
—¿Qué han decidido?
—Participaremos pero sólo mis hermanos y yo.
—Perfecto. Nos estamos hospedando en ese hotel de allá, habitación 203. Les veremos a las diez de la noche ¿vale? Cuando nuestra hija se haya dormido.
—Claro, allí estaremos.
—Lleven condones de sabor ¿sí? Y también si tienen juguetes podríamos compartirlos. Nosotros tenemos unas cositas bastante divertidas también.
—A las diez, hecho.
Ahora sólo faltaba idear un plan para que nuestros padres nos dejaran salir a esas horas sin que sospecharan de nuestras intenciones. Estefy sugirió que les mintiéramos diciendo que iríamos a bailar a un antro. La idea no sonaba nada mal, sólo que eso podría darle ganas a nuestros padres de ir también y nos aguarían la fiesta. Sin embargo como no teníamos más remedio ni otra idea, la aceptamos.
—¿Un antro? —dijo papá, que estaba en la sala. Mamá y tía Joan estaban a sus lados completamente desnudas y lo abrazaban como si fuera el rey de la casa. En cuanto a tío Mauricio, él estaba en un rincón con la verga tiesa dentro de la boca de Lorena. Mientras tanto mi gemela miraba con atención las habilidades mamatorias de su novia. Al parecer la recatada se estaba soltando.
—Bueno… eso suena interesante —dijo tía Joan —. Deja que se diviertan. No creo que sean tan malos como para hacer algo indebido ¿verdad, niños?
—Ya no somos niños —dijo Estefy inflando los cachetes.
—Sí, claro —padre se lo pensó un poco. Yo me quedé mirando como mamá y tía jugaban con la verga flácida de papá —. Está bien. Pueden ir, pero no tarden mucho. Las quiero aquí antes del amanecer y nada de llegar callándose de borrachos ¿vale?
—Sí, papá —dijimos los tres.

Por la noche nos vestimos como para ir de fiesta. Yo con una minifalda de mezclilla y una camiseta. Alec iba muy guapo, con una camisa que le marcaba su prominente pecho, y Estefy con unos pantalones a la cadera mostrando los tirantes de su sexy tanga y un top negro. Parecía que la chica iba a grabar una película porno. Nada más verla, papá la sentó en sus piernas. Estefy lo rodeó con sus brazos y le dio unos suaves besos en la boca.
—Te quiero papito.
—Y yo a ti hermosa.
Papá siempre había consentido a Estefy por ser la más pequeña de los hermanos, y hasta en el sexo la trataban con delicadeza.
—Vámonos, hermosa.
—De repente quiero coger con papá.
—No, vamos a ir de fiesta —la tomé de la mano y nos fuimos a la camioneta que Alec iba a conducir.
Una vez en la carretera Alec y yo estábamos callados y nerviosos. La única que parecía ir de auténtica fiesta era Estefy, ya que iba sacudiendo su cabello al ritmo del rock que sonaba en el estéreo. Antes pasamos a comprar los condones de sabor y dejé que Estefy los escogiera. Luego fuimos al hotel y buscamos la habitación. Por un momento pensé en echarme para atrás pero cuando vi a Mayra abrir, recobré las ganas.
Se veía muy linda e inocente vestida con oberoles, como una mamá recatada que acaba de perder la virginidad. Nos saludó con sendos besos y nos dejó pasar a su habitación.
—Pasen, pónganse cómodos.
—Gracias.
—¿Gustan algo de tomar?
—Un refresco estaría bien. ¿Tus hijos ya se durmieron?
—Sí. Están roncando. No se despertarán, descuiden. Mi hermana duerme con ellos así que los mantendrá quietos. Tengan, salud.
Bebimos por un rato y conversamos un poco para conocernos mejor. Resultaba que ellos eran incestuosos también, ya que Mayra y su hermana se daban unos atracones lésbicos cuando se cansaban de compartir la polla de Hans.
—¿Y piensan meter a sus hijos en el incesto? —preguntó Mayra, indiscreta. Los dos se rieron.
—Sí, pero cuando sean grandes por supuesto, jajaja. Bueno… ¿quieren comenzar o platicamos más?
La polla de Alec ya se marcaba. Estaba aguantándose las ganas. Me reí.
—Comencemos.
—De acuerdo —soltó Mayra y empezó a desnudarse. Nosotros tratamos de imitarla pero ella dijo que no ya que ellos nos quitarían la ropa a nosotros.
Su esposo y ella quedaron desnudos rápidamente. No llevaban ropa interior. La rajita de Mayra ya se veía un poco húmeda y deliciosa. Sus pechos eran grandes y se le veían las venitas azules y verdes por debajo de la piel. Qué pezones tan hermosos. La polla de Hans no se quedaba atrás. Era muy venosa, con un glande perfecto y gruesa como a mí me gustaba. A Estefy se le hizo la boca agua. Lo vi en sus ojitos.
—Comenzaremos por un poco de juego previo ¿vale? Ven aquí, Alec. Ustedes pueden irse con mi esposo.
—Yo quiero jugar un poco —dijo Sofia, apareciendo de repente del dormitorio. Llevaba unos minishorts y su sujetador.
—Ah, bien. Les presento a mi hermana. Es muy buena con las chicas.
—¡Ah, yo la quiero! —dijo Estefy levantando la manita. Sofia sonrió. Eran muy parecidas en cuando a complexión y edad. Mientras se acercaba Sofia se quitó la ropa y se sentó frente a mi hermanita.
Hans me pidió mantenerme agachada como una perrita. Él se levantó masturbándose. Su polla quedó tiesa al momento y la acercó a mi boca, pero cuando yo iba a atrapar esa deliciosa verga, él me la alejó. Volvió a acercarla suavemente. Me reí. Dejé que untara el glande por mis labios como si fuera un labial, que me frotara sus huevos por toda la cara. Mientras lo hacía empecé a desvestirme. Me quité la falda y la blusa. Por suerte no llevaba nada de ropa interior. Me estaba calentando tanto que mi frente ya empezaba a sudar con sólo sentir el tacto de pene en mi boca. Por otro lado mi hermano estaba tumbado boca arriba. Ya no tenía los pantalones ni la camisa. Mayra estaba restregándole su culo por toda la cara, bañándolo con sus dulces jugos. Mayra y Sofia estaban enredadas en un buen rollo lésbico y se besaban como si no hubiera un mañana. Podía oír sus lenguas chasquear y como la saliva les escurría de la comisura de la boca.
—Sofia adora los besos con mucha saliva —dijo Mayra.
—Mi hermanita también. Son tal para cual…
Antes de poder seguir hablando, Hans introdujo su verga en mi boca y la llevó al fondo de mi garganta. Tuve una arcada y la sacó de inmediato.
—Wow….  Otra vez.
Lo volvió a hacer, yo sólo me limité a abrir los labios y dejar que su pene entrara y saliera por completo, hasta el tronco. Ese cabrón me estaba obligando a hacerle una garganta profunda a la que no estaba muy acostumbrada y me estaba provocando. Sin embargo supo cuando detenerse y darme un respiro.
Del otro lado Sofia regresaba con unas cuerdas. Tomó a Estefy de la mano y se subieron a la cama. Mientras mamaba la cabecita del pene de Hans, vi como esa mujer amarraba los brazos y los tobillos de mi adorada hermana hasta tenerla bien abierta. Esto maravilló a Estefy, que no tenía reparo en mostrarnos todo su coñito. Después Sofia sacó de un cajón un vibrador y lo aceitó.
—Soy virgen, así que me lo tienes que meter por el ano —dijo Estefy con naturalidad.
—Ah… entonces hay que ponerle un condón texturizado.
Con mucha sensualidad Sofia le puso un condón al juguete. Luego colocó una almohada para levantar el culito de Estefy y pegó su boca al culo de la chica para empaparlo de saliva. Estefy se carcajeaba y jadeaba de lo rico mientras la lubricaban con saliva y sus propios jugos.
Después oí que Alec gemía. Mayra estaba a cuatro patas y sonreía apaciguada mientras mi hermano le hundía la verga por la concha, hasta el fondo. Lo hacía despacio y a profundidad. La mujer cerraba los ojos. Vi que de sus senos comenzaba a gotear deliciosa leche y quise ir a lamerla, pero tenía la boca llena de la verga de Hans.
—Ya te la quiero meter —dijo el hombro.
—Es que también soy virgen.
—Descuida. Adoro el sexo anal.
—Ah, un gusto.
Me puse frente a Mayra para besarla en la boca mientras su esposo me separaba las nalgas y metía su duro miembro por mi estrecho agujerito. Gemí y me mordí el labio inferior de delicia cuando el pene abrió un canal por mi recto. ¡Qué rico! ¡Qué polla más gruesa!
—Está riquísima ¿verdad? Tú hermano no se queda atrás.
Estefy se puso a gemir cuando Sofia le empezó a rajar el culo con el consolador. Mayra y yo veíamos como Sofia sacaba y sacaba el vibrador muy rápido. La maquina zumbaba. Estefy gemia y gritaba intentando liberarse pero las sogas la tenían bien abierta.
—¡Sigue! ¡Sigue! ¡Más rápido, coño!
—Tú hermana se la come toda ¿verdad?
—Adora el sexo por el culo. Lo acaba de descubrir. Antes era adicta a la masturbación.
Las tres gemíamos. Nos estaban dando por el culo y la habitación se lleno de los gemidos dulces de las tres mujeres. Mayra y yo intercambiábamos saliva, besos y unas pocas palabras. Detrás Hans empujaba por mi recto y me hacía chocar con la cabeza de su esposa.
—Cambiemos un poco el ritmo —pidió Mayra y yo me alegré porque el pene grueso de Hans ya me estaba incomodando un poco.
Mayra se recostó encima de su esposo después de quitarle el condón y ponerle otro. Dirigí su pene para que le entrara por la concha de su esposa.
—Ven aquí, bebé —pidió a mi hermano —. Métemela por la cola.
Una doble penetración. Alec aceptó de inmediato. Yo ayudé a que mi hermano pudiera introducir su verga dura por el ano de Mayra. La mujer gritó deliciosamente cuando los dos hombres empezaron a moverse alternadamente. Vi que sus tetas goteaban leche. Su marido se pegó a ellas y succionó sus pezones. Yo, solita, decidí descansar un poco. Me ardía la colita y me fui con Sofia.
Estefy y ella se estaban besando. El vibrador continuaba metido en el culito de mi hermanita y le hacía estragos por el recto. Yo lo dejé allí y me dediqué a lamerle la vagina, que estaba brotando de jugos. No iba a dejar que se desperdiciara una sola gota. Durante un rato los gemidos de Mayra fueron feroces, y se sobreponían a Sofia y sus chasquidos cuando le comía la boca a mi hermana.
—Hagamos otra cosa —pidió Sofia y desnuda se fue al dormitorio. Volvió con un par de cajas donde habían otros juguetes sexuales y me dio a mí unas bolas chinas. Luego desatamos a Estefy, que se sintió muy feliz de verse libre.
—Oigan… yo también quiero sandwich —dijo cuando vio como le rompían el culo y la vagina a Mayra.
—Pero sólo tienes un agujero disponible —repliqué.
—Uhm… ¡Estoy lista! ¡Alec, quiero que me desvirgues!.
Por un rato todos nos detuvimos.. Estefy sonrió traviesa.
Acto seguido nos concentramos en Estefy. La recostamos en la cama. Mayra le puso un poco de lubricante vaginal.
—Pero me amarran. Quiero tener las piernas bien abiertas para recibir a mi hermano.
—Me haces tan feliz —dijo Alec. Sofia obedeció y amarramos a Estefy con sus muslos tan separados como nos era posible. Por suerte la chica había practicado gimnasia de niña, por lo que sí era muy flexible.
Su coño estaba muy mojado.
—Vamos a mojarla un poco más —sugerí y pegué mi lengua a su vagina. Mayra y Sofia también y entre las tres devoramos la concha de mi hermanita, que gemía como loca. Compartíamos sus juguitos con mucho placer mientras los hombres se masturbaban mirándonos.
—Un poco de leche —dijo Mayra que aprovechó y exprimió sus tetas. Me reí cuando un chorrito de leche salió de sus pezones y bañó todo el coñito de Estefy. Incluso le entró por el culito que todavía seguía un poco abierto por la violenta irrupción de vibrador.
—Ya está lista para ti —le dije a Alec.
El se acercó. Se quitó el condón. Su cuerpo musculoso parecía demasiado grande y su verga también para la estrecha rajita de nuestra hermana. Estefy miraba con una sonrisa, la cual se desvaneció cuando poco a poco el pene fue irrumpiendo dentro de su vagina. Su cara estaba muy roja y el rico sudor le bañaba las tetitas.
—Tienes que hacerlo rápido —dijo Hans, que seguro era experto en desvirgar.
Alec sonrió y frunció las cejas después. De un sólo empujón rompió el himen de Estefy y su verga se hundió en las profundidades de esa dulce vagina. Estefy gritó y lloró.
—Sigue penetrandola. No pares. Deja que el placer borre el dolor.
La cara de Alec se veía un poco asustada y empezó a bombear. Estefy lloraba. Se veía tan hermosa. Tan dulce e infantil. Siempre había sido la bebé de la familia y ahora se convertía en mujer. Me enternecí tanto que me acerqué y le di de besos en la boca. Podía oirla gemir. Su voz entraba a mí y yo la obligaba a callar con besos.
Al poco rato esos lloriqueos desaparecieron y se volvieron deliciosos gemidos.
—¿La saco?
—Bromeas. Quiero otra verga, por favor.
Hans rió.
—Creo que es mi turno.
—Un poco más —pidió Alec —Quiero correrme dentro de ella. No estás en días fértiles ¿verdad?
—Nop —respondió feliz y sonriente. Vaya que mi hermanita estaba aprendiendo. Todavía ponia gestos de dolor que rápidamente se iban y disfrutaba del pene de Alec. Mientras tanto Mayra se acercó a ella y se recostó a su lado. Le ofreció de sus tetas. Estefy aceptó y se metió un pezón rosado a la boca y se puso a mamar como lo hacía de bebé. Cerró sus ojitos. Veía que no sólo estaba sacando la leche, sino que sí se la tragaba.
—Qué dulce eres, cariño hermoso —dijo Mayra —. Ojalá mi hija sea como tú cuando crezca.
Alec gimió cuando soltó todo su semen dentro del coño de Estefy. Mi hermanita no hizo mucho caso. Estaba muy relajada succionando tetas, alimentándose de nuevo. ¡Qué dulzura de mujer!
Acto seguido vino Hans. Su pene era más grueso y costó un poco en entrar. Estefy mordió el pezón de Mayra y la mujer dio un grito, pero la dejó ser. Una vez la verga estuvo adentro, la sacó y salió bañada por el esperma de Alec que seguía adentro. A Hans no le importó y siguió perforando como todo un macho cabrío.
—Bueno, creo que sólo quedamos nosotras —dijo Sofia, ya que Alec estaba en un lado descansando con su pene flácido mirando como se cogían a su hermana.
—Hace rato vi bolitas chinas —mencionó Estefy.
—Aquí las tengo, cielo —me acerqué y le pedí a Hans que se quitara un momento. Lentamente introduje todas las bolas en el recto de Estefy. Luego las dejé allí para que le dieran placer.
—Uhm… y si ¿le metemos esto? —Sofía se acercó con un pequeño dildo, muy delgado.
—Metan lo que quieran —soltó Estefy con naturalidad, ahora bebía del otro seno de Mayra mientras sus piernas seguían bien abiertas y amarradas.
Me acerqué. Sin sacar las bolitas chinas, como pude, deslicé el dildo miniatura por el anito de mi hermanita. Me sorprendí de que se abriera lo suficiente como para que tuviera dos juguetes adentro. Estefy gritó un poco, pero lo dejó ser. Acto seguido pujó y el dildo salió un poco. Lo volví a meter y ella usó sus deditos para mantenerlo adentro. Hans reanudó sus penetraciones, ahora con más fuerza.
Ya se imaginarán que rico gemía Estefy con las bolitas chinas, el minidildo en su culo y la verga enterrada en su concha, además de las fabulosas tetas de Mayra en su boca dándole leche fresca. Era erótico, morboso y raro a la vez; pero así es el sexo ¿verdad? No tiene que ser lindo y tierno siempre. Puede ser sucio y bizarro. Todos tenemos diferentes fantasías en la mente, y gustos variados.
A Alec por ejemplo le gustaba ver como cogían a su hermanita. Sonreía. Mayra gozaba de dar de beber su leche a otra mujer. Estefy aguantaba los juegos en los que cualquiera de sus tres agujeritos estaban llenos, y yo… bueno… de repente resulté ser la más normalita de todos.
—Aquí tengo un juguete para las dos —dijo Sofia, que se había puesto un arnés.
—Oh… vaya —reí, y me dispuse a ponerme en cuatro patas. Cerré los ojos y cuando ella me penetró, vi estrellas de placer.
Estaba siendo una noche magnífica, y todavía nos faltaban cosas por probar.

Hermanos sin tabú cap 9 y 10

Más tarde, cuando volvimos de ese delicioso paseo familiar, y Ángela se veía más avergonzada que de costumbre, vimos a Lorena esperando en la sala y mirando la televisión. Llevaba una diminuta blusa y unos shorts que mostraban sus esculturales piernas. Nada más verla, mi hermana se fue con ella y la saludó con una serie de sensuales besos y luego la muy tierna se puso a llorar mientras la abrazaba con fuerza. Mamá, papá y yo nos miramos como si fuéramos los culpables de un asesinato, por haber inducido a que Ángela tuviera sexo conmigo frente a ellos.
—Creo que las cosas no salieron como lo esperaba —dijo mi mamá y quiso hablar con su hija, pero papá la detuvo y le negó con la cabeza. Hasta yo sabía que era mejor dejar que mi hermana asumiera lo que había hecho y decidiera si hacer lo correcto. Yo esperaba que sí y aceptara unirse a nuestra práctica porque francamente la idea de volver a tener su boca entre mis piernas me ponia loca.
—¿En dónde está Estefy? —preguntó mamá.
—En su cuarto —contestó Lorena —. Alec le llamó a unos amigos y se fue con ellos.
—¿En serio? Pensé que se quedaría.
—Creo que tuvo una pequeña pelea con Estefy.
Fuimos a ver a la chica y la encontramos en su cama, echa un ovillo mientras escuchaba música con su teléfono. Esta en tanga y sin sujetador. Nos sentamos al borde del colchón. Papá le dio una palmadita cariñosa en el trasero y mamá le movió el hombro.
—¿Qué pasó?
—Alec es un imbécil.
—¿Por qué?
—Pues… —nos miró como si no supiera si contarnos. Mamá le sonrió.
—Hija, si hemos decidido aceptar tener sexo entre nosotros no hay nada que no puedas decirnos.
—Es que… intenté hacerlo con Alec. Eso era obvio ¿verdad? Pero él ya no quería entrar por atrás. Deseaba… bueno… quitarme la virginidad y hasta yo sé que no se la puedo dar a mi hermano. Ni en esta situación. Él insistió. Nos peleamos y se fue.
—¿Eso hizo ese cabrón? —preguntó papá, visiblemente molesto —. Tendré que hablar con él.
—Lo haremos todos —replicó mamá —, ya es hora de poner las cartas sobre la mesa.
—Lo siento. Yo sólo… quería disfrutar un poco más.
En ese momento mamá sonrió.
—Creo que papi puede complacerte en eso ¿no, cielo?
—¿Yo? No sé si sea el momento para ello.
Estefy miró a nuestro padre con sorpresa, como si la idea de tener sexo con él le resultara extraña. No obstante, se limpió una lagrimita y se sentó con las piernas dobladas.
—¿Lo harías?
—Hija… bueno…
—Es sólo por atrás —le dijo mamá —, y es Estefy.
—Lo sé, es sólo que a mis ojos sigues siendo una niña.
—Pero ya no lo soy —replicó ella —, soy mayor de edad y… quiero intentarlo. Quiero hacerlo.
Padre se estaba resistiendo majestuosamente, pero no lo logró por mucho tiempo. Estefy aunque ya no era una niña seguía comportándose como una. Cruzó los brazos por debajo de sus hermosas tetitas. Sus pezones rosados se veían apetitosos, moría por tenerlos en la boca.
—Puedo hacerlo con ustedes —sugerí, mordiéndome el labio —, es que… sería interesante.
—¿Y tú, mamá?
—Ah, yo debo ir a ducharme y descansar. He tenido suficiente sexo por hoy. Les dejo solos.
Mamá se despidió con sendos besos en nuestras bocas y se fue del cuarto. Papá y nosotras nos quedamos solas y en silencio durante un rato, sentados en la cama sin saber que hacer. Él nos miraba de hito en hito, algo avergonzado y yo no comprendía por qué si no era la primera vez que íbamos a intimar.
—Entonces… ¿vamos a hacerlo o no? —dije a los dos. Estefy y mi padre se vieron las caras.
—Bien… son mis hijas, así que creo que debo complacerlas.
—Eso es —me apuré a quitarle la camiseta y los pantalones. Se recostó en la cama con la polla semierecta y sus grandes huevos colgando.
A mi hermanita se le hizo la boca agua al verlos. Lo noté en la lujuriosa mirada que se estaba echando. Papá abrió un poco sus piernas y comenzó a masturbarse lentamente. Nosotras miramos atentamente mientras nos quitábamos la ropa. Poco a poco esa verga empezó a ganar tamaño, a bombear sangre hasta que se puso tan erecta como un mástil. Imaginé la satisfacción de mi padre al verse a punto de tener sexo con nosotras, sus niñas consentidas.
Primero comencé yo, que me acomodé justo entre sus piernas y sin dudarlo me llevé su miembro a los labios. ¡Dios! Cuánto lo quería. Me llenaba la boca en su totalidad. No me lo podía meter más adentro como quisiera, pero lo poco que entraba me daba para mamar a gusto, para tocarlo con mi lengua. Cerré los ojos y casi olvidé que Estefy estaba conmigo.
—¡Me toca! —masculló mi hermanita como si me estuviera quitando un dulce. Me hice a un lado y ella ocupó mi lugar. Con una hermosa sonrisa feliz ella tomó el pene de papi en sus manos. Luego intentó metérselo en la boca pero como ella tenía una boquita algo más pequeña que la mía, tuvo ciertos problemas en acomodarla. Cuando finalmente lo logró, cerró sus ojos y deslizó suavemente el falo hasta su garganta.
—Creo que no es una posición muy cómoda para una garganta profunda —dije.
—Pero quiero intentarlo.
—Sólo mamá sabe hacer la garganta profunda —le recordé.
—Me da igual que hagan. Sólo chupen —exclamó papá, gozando de lo rico cuando la lengua de su pequeña hija le lamió los huevos.
Yo me sonreí y me fui detrás de Estefy. Hice que se pusiera en cuatro sin que se quitara el pene de la boca. Luego ella ofreciéndome una perfecta vista de su culito, le abrí los labios vaginales y deslicé la lengua por esa hermosa entrada que ya estaba goteando de jugos. ¡ah! Cuánto adoraba verla mojada. Formaba pequeñas gotitas de flujo que yo recorría con mi lengua. Más al fondo vi su himen intacto y sentí grandes deseos de romperlo, llegar hasta las partes más profundas de ella y bombear mi semen. Claro, si fuera hombre lo haría.
Chupé la vagina de mi hermanita durante un buen rato mientras me tocaba el clítoris con ambas manos. Estefy gimió. Yo me sentía tan húmeda que mis deseos por ser penetrada por atrás fueron muy lejos. O quizá yo debería penetrar a alguien. Rápidamente salí del cuarto y fui en dirección a mamá, que estaba acostada en leyendo un libro.
—¿Qué pasó, hija? Vienes goteando ¡jaja!
—Este… ¿tienes tu consolador? Quiero metérselo a Estefy.
—En el cajón. Anda, ven un momento.
—¿Sí?
A penas me acerqué, mamá se inclinó para hundir su boca en mi vaginita. Eso me sorprendió mucho porque nunca lo había hecho, y a su vez hizo que me recorriera un buen escalofrío.
—Ay… mamá….
—Listo. Una vagina limpia es una vagina feliz.
No supe si quedarme o no, pero como ella volvió a su lectura, supuse que no. Me imaginé qué sentiría mi madre de saber que sus hijas estaban enfiestándose con su esposo. Sea como fuere tomé el consolador y regresé al cuarto, en donde Estefy ahora le ofrecía a papá su culito en un fabuloso 69.
—¡Ay! ¡Quería meterte esto!
—Te atrasaste —dijo ella con una risita coqueta y siguió mamando apurada.
—Bueno… al menos métemelo a mí.
—Estoy ocupada ¿que no ves?
—¿Y qué hago yo?
—Puedes esperar.
¡Pff! Incluso en el sexo nos peleábamos como las hermanas que éramos.
Pero mi espera no duró mucho. Estefy se compadeció de mí y me dijo que me recostara en la cama en la posición del perrito. Lo hice encantada, ofreciéndole mi culito mojado. Ella se colocó detrás de mí con el dildo en la mano, lamiéndolo para lubricarlo. Papá esperaba de pie masturbándose.
—Hagamos una cadena ¿vale? Papá me la mete por el culo a mí y yo a ti.
—De acuerdo.
Estefy tenía buenas ideas siempre. Apoyé la cabeza en la almohada y levanté el trasero. En seguida sentí cómo mi hermanita usaba el juguete para abrirme el ano, y suavemente deslizarlo al interior. Sentí sus escupitajos y luego sus gemidos cuando papá empezó a taladrarla por detrás. Eso me calentó en demasía y más cuando ella empezó a meter y a sacar el consolador primero despacio y enseguida más rápido. Miré hacia atrás y vi que mi coqueta hermanita se reía mientras papá le daba por detrás. Sus pequeñas tetas se mecían encantadoramente y su pelo iba y venía cubriéndole la cara.
Estuvimos así durante un rato hasta que finalmente me llegó el turno. Ahora sí que iba a sentir de lo rico. Me monté sobre papá y con ayuda de Estefy dirigí su polla a mi culito. Debido al dildo, mi cola estaba dilatada lo suficiente como para que ese pene se perdiera en el interior. Lo más delicioso del anal era cuando la verga salía, y disfruté de ello. Mientras tanto Estefy se sentó encima de la cara de nuestro papito ofreciéndole su coño. Estando frente a mí ahora, me tomó de las mejillas y me plantó un rico beso en la boca, con todo y lengua. Su saliva goteaba de la comisura de mi boca mientras me mordía los labios. Papá le brindaba un buen sexo oral y yo me sentía viva con esa verga entrando y saliendo de mi culito.
Los gemidos de Estefy eran tiernos y dulces como una princesita sexual. Tenía las piernas bien abiertas y la sus nalgas apoyadas en el rostro de su amante. Después de un rato decidimos probar algo diferente, así que me recosté boca abajo. Estefy se acostó sobre mí, besándome el cuello y la espalda. Papá frente a nosotras se masturbaba ágilmente.
—Ah… hijas… Dios, qué tiernas se ven.
—Te quiero Andrea —dijo mi hermana. Me di media vuelta y ella se puso a horcajadas sobre mí. Sus manos sobre mis tetas y las masajeó suavemente, jugando con mis pezones mientras yo podía sentir sus jugos mojándome el ombligo.
—Tijeras —dijo papá.
Nosotras nos miramos coquetas. Primero separé mis piernas y acomodé a Estefy entre ellas. Nuestras vaginas entraron en contacto. Los jugos de mi hermanita y los mios se confundían y nuestros clítoris se rosaban tan deliciosamente que comenzamos a frotarnos entre sí. Nos mirábamos a los ojos como dos enamoradas haciendo el amor. Luego desviamos la vista hacia nuestra entrepierna, donde nuestros labios en contacto se acariciaban y se separaban mutuamente, permitiendo que nos uniéramos más.
Finalmente papá que se estaba masturbando como loco, dijo que se iba a correr.
—Hazlo aquí —señalé y él acercó su polla justo en el punto donde nuestros coños se tocaban. Allí descargó una carga de semen delicioso y caliente. No dejó una sola gota dentro de sus huevos, y ahora con esa sustancia para lubricarnos más, Estefy y yo seguimos haciendo tijeras, embarrándonos la leche de papá y masturbándonos ágilmente.
La polla no volvió a erectarse durante unos segundos, pero yo quería seguir con el sexo. Una vez nuestras vaginas estuvieron cubiertas de semen, Estefy se dio vuelta y colocó su coño justo sobre mi boca. El sabor de sus jugos mezclados con la lechita de papi le dio un nuevo sabor..
—Papi, tienes una llamada —avisó la voz de Ángela.
—Ah, voy.
—¿Qué hacen? —nos preguntó mi gemela.
—¡Ven! —le pidió Estefy, y aunque yo lo dudé un segundo, Ángela cerró la puerta tras de sí y tímidamente se acercó a la cama —¿no crees que la vagina de Andrea es riquísima?
—Bueno, somos gemelas. Mi coño es igual al de ella.
—¡Jeje! —rió mi hermanita y siguió comiéndome el clítoris.
Ángela se sentó al borde de la cama y comenzó a acariciar la espalda de nuestra hermana menor.
—Esto sí me gusta —admitió —, prefiero ver a dos chicas chupándose el culo que a mis padres.
—Entonces ¿te nos unes?
—Ah… no lo sé. Yo…
—Prueba la de Estefy —le sugerí —es un tanto especial.
—¿Y por qué?
—Pues… está muy apretada.
—Claro, es virgen.
—Tienes que hacerlo —repliqué.
—Creo que me abstendré por ahora.
—Eso sí que no —le gritó Estefy y rápidamente se lanzó sobre Ángela. Ella se resistió pero no por mucho tiempo porque cuando su hermana la besó en la boca, se dejó querer.
Era extraño verla porque era mi gemela. Aun así Ángela abrazó a Estefy por la cintura y correspondió a sus besos de una forma más romántica que lujuriosa. A ella sí que le fascinaban las mujeres. Lentamente levantó el cuello de la pequeña chica y le dio de besos amorosos por toda la piel hasta bajar a sus senos. Yo me quedé quieta, mirando como Ángela se comía los pezones rosados de la la muchacha y le juntaba las tetas deslizando su lengua por las dos.
—Listo, eso es todo lo que conseguirán de mí.
—Pero ¿cuándo tendremos sexo las tres? Somos hermanas, por favor, chicas. Hemos jugado juntas desde que éramos unas niñitas —chilló la pobre Estefy.
—Son mis hermanas y las amo. Además soy la mayor. Nací un poco antes que Andrea. Y como su hermana mayor debo mostrar un poco más de madurez.
—Pero ¿tendremos sexo las tres?
—Bueno… quiero hablarlo con Lorena. No deseo que esto forme problemas en nuestro noviazgo, que es formal.
—Pero se ve que Lorena me tiene ganas —rió la pequeña.
—Sí, se ve. Sólo que es lujuriosa de por sí. Hay que ver si está dispuesta a hacerlo.
—Cuando lo hagamos tiene que ser fabuloso —mencioné.
—Lo será. Bueno, las dejo.
Cuando ella se fue, Estefy volvió a acostarse sobre mí. Nos dimos unos besos candorosos en la boca mientras reíamos como niñas.
—Me encanta acostarme contigo, Estefy.
—Lo sé. Adoras mi coñito.
—No, mensa. Te adoro a ti.
—¡Jiji! Eres como mi novia.
—Lo soy, mi preciosa hermana menor.
Ella se enterneció y me dio un dulce beso en los labios.
—Cuando perdamos nuestra virginidad quiero que lo hagamos al mismo tiempo ¿vale, Andrea?
—Intentaré que sea así.
—¡Sip! ¿hacemos algo más?
—¿Qué tal si te meto ese consolador por el culo.
—¡Súper! —rápidamente se acomodó en cuatro como una perrita y se abrió las nalgas —. Todo tuyo.
—Bueno… aquí voy.
Con un leve gritito de dolor, Estefy y yo continuamos divirtiéndonos el resto de la tarde.

Capítulo 10


La llamada que mi padre había recibido la tarde anterior resultó ser de su hermana mayor, Joan, la misma con la que él había iniciado su vida en el incesto. Saber eso no nos terminaba de sorprender sobre todo porque la tía Joan es muy atractiva. Cuando era un poco más joven fue modelo de lencería para una conocida revista de modas y ahora que se había casado recientemente ya no trabajaba de eso. Mi padre nos contó que la había invitado a ella y a su nuevo esposo para que vinieran a vernos y pasar los días que nos quedaban todos juntos en familia. Por otro lado yo ya sabía lo que eso significaba, sexualmente hablando.
Mis padres fueron a buscarla a la terminal de autobuses al día siguiente, así que yo me quedé con mis hermanos a ver la televisión y a hablar sobre lo que íbamos a hacer entre nosotros, que éramos como los niños de la casa. Lorena y mi gemela Ángela estaban sentadas en el sillón mirando la película y se daban tiernos besitos en la boca. Yo jugaba con mi móvil. Estefy, como si fuera el acto más natural del mundo, tenía en la boca la polla de mi hermano y le daba una distraída mamada sin despegar sus ojitos de la pantalla.
—Te ves muy relajada —comentó Ángela con una sonrisa.
—Tiene fijación oral —contesté. Estefy nos miraba sin decir nada, con el pene en su boca como si fuera un biberón —. Siempre tiene que tener algo en los labios: un bolígrafo, un palillo de dientes… goma de mascar.
—Quieren dejarme en paz… ah, pero no me dejen de mirar.
—¿Tanto te encanta que te vean?
—Me excita más que el acto en sí —confesó y deslizó la lengua por toda la verga de su hermano. A mí se me estaba haciendo la boca agua. Alec permanecía quieto, con la cabeza echara para atrás y disfrutando de las artes bucales de su hermanita.
—¿Quieren que juguemos un poco? —propuso Lorena, lujuriosa como siempre.
—¿Qué tienes en mente, amor?
—Mmm… necesitamos otro hombre para hacer lo que tenía en mente. En fin, con nosotras deberíamos bastar. Es un concurso de ver quien hace correrse a quien primero ¿les gusta la idea?
—Me parece interesante —acepté. Mi gemela es la que todavía ponía resistencia a las ocurrencias de su novia.
—Bueno, vamos a rifar con papelitos quien va a chupar y quien las recibirá. El primero que haga a su pareja correrse gana.
Mientras Lorena escribía nuestros nombres en papeles los demás nos quitamos la ropa. Luego escogimos un papel y los abrimos. A mí me tocó mamar, a mi gemela también. Estefy y Alec serían los que recibirían el placer y Lorena sólo se limitaría a observar quién se correría primero.
—Pero… yo quiero a Estefy —pidió Ángela —. No quiero chuparle el pene a Alec.
—Es sólo un pene —dijo mi hermano y se masturbó un poquito delante de ella.
—Es que no me van las pollas. Prefiero el coñíto dulce de Estefy.
A la muy pilluela de Lorena se le encendió el foco y empezó a persuadir a su novia de que le comiera la verga a su propio hermano. Acto seguido todos los demás empezamos a fastidiarla para que aceptara. Alec se masturbaba concienzudamente delante de mi pobre hermana para que se le antojara el pene. Vimos como sus pezontes se ponían un poco duros. Estefy la abrazó por detrás para untarle sus tetitas en la espalda. Yo me estaba excitando ante la idea de ver a mi gemela mamando una polla.
—¡Ay, está bien! ¡Pero ya dejen de joderme!
—¡Perfecto! El primero en hacer que su pareja se corra, gana un esclavo sexual por un día. ¿aceptan?
—Aceptamos.
Estefy y Alec se recostaron en la alfombra y abrieron sus piernas. La vaginita de mi hermana era preciosa, virgen todavía y con gotitas de jugo fluyendo. En cambio la polla de Alec era imponente, con sus huevos colgando. Estaba rasurado, así que daba una imagen muy buena. La pobre de Ángela se sentó con las piernitas muy juntas y no dejaba de mirar la polla que se iba a comer. Tenía la cara roja y disgustada por lo que le estábamos obligando a hacer.
—¡Empiecen!
Yo rápidamente cubrí la vagina de Estefy con mi boca y me concentré en su clítoris. Sus jugos aderezaban sus labios con un sabor muy dulce y suculento. ¡cuanto amaba el coño de mi pequeña! Mientras tanto vi que Ángela a penas estaba tocando la verga de su hermano con la mano. Tenía entre una cara de confusión y concentración. Empezó a subirlo y a bajarlo poco a poco. Alec estaba en el cielo porque encontraba muy excitante que su hermana lesbiana le fuera a comer el pene.
— ¡Vamos! —la apresuró Lorena.
—Espera…
—Sólo tienes que ponerlo en tu boca.
—¡No me presionen! Yo soy lesbiana. Esta es la primera polla que me voy a comer.
Lentamente, como si fuera a morirse por sólo hacerlo, Ángela abrió su boquita y se introdujo el pene. Cerró los ojos. Mamó un poco y luego escupió saliva.
—¡Ahg! Sabe raro.
—Te estoy ganando —dije cuando oí como gemía Estefy y se pellizcaba las tetitas.
—No, eso no.
tomó aire y volvió a su trabajo. Tenia sus ojitos apretados mientras le daba una buena chupada a la polla de su hermano mayor. Eso me calentó y acto seguido introduje dos deditos en el ano de Estefy. Mi hermanita me presionaba la cabeza y gemía como una princesa. Alec estaba igual. Ángela ya chupaba con más calma, aunque todavía era un poco torpe en sus movimientos. Lorena miraba la escena con mucho interés. Los pezones de sus grandes tetas ya estaban paraditos y se estaba tocando el coño con tres dedos, las piernas bien abiertas.
—No me cabe en la boca —se quejó Ángela —. Ya me cansé.
—Lame los huevos —le aconsejó Estefy.
Eso le pareció más atractivo a mi hermana. Hundió la cara en los testículos de mi hermano y comenzó a morderlos, a succionarlos y a pasar su lenguita por todos lados.
—Esto me gusta más. Son suavecitos y duros a la vez.
Ya más calmada pude volver yo a lo mío. La vagina de Estefy no dejaba de lubricar. Sus jugos caían muy ricos a mis labios como un aceite excitante que ayudaba a mi lengua a resbalar. Me estaba volviendo un poco más adicta que de costumbre.
—Creo… que… ya…
—¡No! —exclamó Estefy.
Vimos como un gran chorro de semen salia disparada de su glande y le daba a Ángela en la cara. Mi hermana se aguantó la corrida cerrando los ojos y dejando que toda la leche le salpicara la cara. Nada más terminar de expulsar esos chorros, se los recogió con los dedos, lo olió y lo probó.
—¡Guácala!
Nos reímos. Fue Lorena quien se acercó a ella y con su lenguita le limpió el semen de la cara. La mirada que esas dos se echaban era de puro amor y romance. Sonrieron y se dieron dos besitos muy tiernos en los labios.
—Felicidades corazón, ganaste. A quién quieres como esclava sexual por un día.
—Uhm… a Estefy claro.
—¡Bu! Pero yo no me he corrido.
—Eso se puede arreglar —dijo mi hermano, aunque su pene todavía no recobraba la fuerza.
Pusimos a Estefy a cuatro patas. Acto seguido le levantamos el culito y dejamos que Lorena, Ángela y yo le comiéramos el coño. Ya se imaginaran el placer que sentía la chica con tres lenguas recorriéndole toda la entrepierna, escupiendo para que la saliva se mezclara con sus jugos y le resbalara por sus muslos.
Estábamos en eso cuando la puerta se abrió. Nos quedamos paralizados al ver a nuestros padres. Con ellos venía nuestra tía Joan y su esposo Mauricio, un hombre alto y fornido.
—¡Vaya! Parece que has enseñado bien a tus hijos, hermano —rió mi tía.

Un rato después ya estábamos todos en el comedor. Mi tía nos contaba algunas cosas de su viaje y convivíamos como una familia normal. Bueno, éramos normales salvo por el detalle de que todos nos atraíamos sexualmente. Luego tocamos el tema que más nos emocionaba: el sexo.
—Entonces… ¿están de acuerdo con lo que sucede? —nos preguntó a nosotros, los hermanos.
—Sí —respondí yo —. Es… que últimamente me siento más unida a la familia.
—De eso se trata el incesto —mi tía le guiñó un ojo a papá —¿recuerdas como jugábamos nosotros después de la escuela?
Mi tío no parecía disgustado con la plática y acariciaba el brazo de mi tía. A él también le iba esto del incesto y pensaba comenzar una familia así con su nueva esposa.
—Bueno, entonces ya no hay más que decir. Es bueno que ustedes sepan en qué se están metiéndo. Sólo hay que cuidarse para no tener ningún embarazo no deseado o algo así.
—Todo está bien —aseguró mamá mirándonos con coquetería —. El placer de mis niños es lo más importante.
—Vamos todos a la playa —pidió mi tío.
—Pero a la nudista —dijo Estefy y nadie puso objeción.
Así pues empacamos unas cosas y nos metimos a la camioneta. Estábamos felices de que todo en nuestra familia se estuviera tornando así de… extraño y excitante en cuanto al sexo y al incesto. Supongo que gracias a que nuestros padres siempre fueron muy abiertos en cuanto a que nos tocáramos entre nosotros como hermanos ayudó a que no tuviéramos tantos tabues.
Tía Joan era guapa, como ya les dije, e iba muy alegre con nosotros contándonos cosas de su trabajo y eso. Estaba vestida con una bonita minifalda y una blusa. Nosotros en paños menores. Lorena sin sostén. Estefy con su tanguita y su playera. Mi hermano, adelantado y excitado, iba desnudo con su bonita polla semierecta. Estaba sentado al lado de mi tía intentando llamarle la atención, pero la mujer se mostraba muy indiferente con toda naturalidad.
—Además de incestuosa soy nudista —nos contó —, así que no me extraña verles sin ropa. Especialmente a ti, sobrino.
Llegamos a la playa nudista, que estaba un poco más escondida por cuestiones obvias. Nada más bajar, Estefy se deshizo de su tanguita, tomó a mi hermana gemela de la mano y la llevó a la playa. Mis padres y mis tíos bajaron la nevera, las toallas y las sombrillas para instalarse debajo de una palmera. Yo y Alec, tomados de la mano, estábamos caminando hacia el agua.
—¿Cuándo me dejarás romperte el culo?
—Qué sutil —dije riendo y mirando a mi alrededor. Era un campo nudista donde había desde niños hasta viejos. Eso era malo porque no íbamos a poder tener tanta privacidad. Me quité el short y la blusa. Alec ya venía desnudo y su polla empezó a ganar tamaño cuando vio a un grupo de guapas universitarias poniéndose bloqueador.
—¿Nadamos? —nos preguntó tía Joan cuando se nos acercó. Ya estaba desnuda y era espectacular. Sus tetas eran grandes, naturales y firmes de pezones rosaditos. Su coño estaba depilado a tal grado que parecía la de una bebé —¿qué?
—Nada… —dijo Alec, aunque su polla reaccionó. Mi tía rió con coquetería y le dio un besito en la punta de la boca —. Vamos, sobrinos, nademos un poco.
Nos tomó a cada uno de la mano y nos llevó hasta el agua que estaba en su temperatura adecuada. Varias personas estaban allí bañándose o jugando a la pelota con total naturalidad. A parte de las pollas tiesas en algunos hombres, no había mucho… paraíso sexual que ver. Así eran los nudistas me contó tía. No siempre estaban cogiendo como yo me lo imaginaba.
—No se apresuren mamá cuando se nos acercó. Mi tía fue con ella y la abrazó por la espalda.
—Cuñadaaaa… te amo.
—Ya tendremos tiempo para coger entre todos ¿verdad?
—Sí, vamos a hacer de este verano una pequeña fiestecita sexual para ustedes —aseguró tía Joan —les daré una probada para que vean.
De repente mamá gritó.
—¡Joan! ¡No me metas los dedos tan así!
Alec se puso colorado. Bajo del agua, tía Joan estaba masturbando a mamá. Quien cerró sus ojitos cafés y con una sonrisa disfrutaba de los dedos de su cuñada. Entonces sentí las manos de Alec en mi coño y supe que él estaba haciendo lo mismo.
—Oigan, ya que alguien se vaya con mi hermano porque va a estallar —bromeé.
—Más tarde nos encargamos de eso —aseguró mamá, rodeando a Joan con sus brazos y dándole suaves y sexys besos frente a nosotros. Ver a las dos mujeres hacerlo fue sumamente excitante, sobre todo porque yo nunca había visto a mi mamá en tintes lésbicos, pero por la confianza con la que se besaba con mi tía, me dio a pensar de que no era la primera vez que las dos se enrollaban.

Sonreí y me acerqué a ellas, que me recibieron bien, me abrazaron y nos unimos en un beso triple muy rico de madre, hija y tía. Mientras tanto Alec que nos miraba sonriente no podía ni esperar a que llegaran todas esas nuevas aventuras que se nos estaban preparando.

Hermanos sin tabu cap 13 y 14

Aquella orgía se estaba saliendo deliciosamente de control. El cuarto del hotel se llenaba con los gemidos de todos los participantes. De un...